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La muerte de Eugenia Zuffoli, una actriz histórica

Eugenia Zuffoli -muerta al terminar el año- perteneció a la época de las grandes damas del teatro: era una de ellas. Como otras muy ilustres -la propia Lola Membrives-, salió del género musical: de la zarzuela, el género chico, la revista a la parisién, que entonces -años veinte- comenzaba a llegar a España.

Quiere decirse que salió de la enorme y plural cantera del teatro Apolo -en la calle de Alcalá, donde hoy están las puertas bruñidas de un gran banco-, y hasta hubo un par de temporadas en las que su rivalidad -en belleza, en voz, en interpretación- con otra tiple, María Caballé (nada que ver con Montserrat), ocupaba las conversaciones del todo Madrid. Era la época -1921-1922- en que el empresario Eulogio Velasco había importado la revista, con el éxito de Arco iris, y había introducido un elemento capital en la frivolidad: las chicas del coro. Un burlón cronista de la época decía que el coro nunca había tenido importancia tal desde la tragedia griega. "El público", decía el cronista, "acabó por declararse vencido, esto es, entusiasmado, con la belleza, garbo y elegancia de la Zuffoli, la Caballé y el resto del elemento femenino, así como complacido por entero ante la labor adecuada, oportuna, leve y certera de los ya nombrados actores". Uno de los actores que había nombrado era José Bódalo. Con él casó Eugenia Zuffoli, y de él tuvo un hijo, que es hoy uno de los más aplaudidos actores españoles: José Bódalo.

Esta niña romana, prontamente españolizada, fue -se dice- precoz en su afición al teatro. Fue también de larga estancia en él. Del género lírico pasó al- de verso -que así se llamó siempre el teatro en prosa-, y su belleza, su arte, su temperamento, la llevaron a lo que se llamó alta comedia, de la que apenas quedan hoy unos residuos aderezados con poco éxito. La alta comedia solía ser un melodrama relativamente disfrazado, con sus tensiones, sus lágrimas y sus resoluciones, planteados en supuestos grandes salones. Se iba a ver no sólo la obra, sino la actriz y sus trajes, el actor y su manera de llevar el frac. La línea italiana de Eugenia Zuffoli y la peculiaridad de su belleza la llevaron a importar algunas de las obras en las que los italianos -Nicodemi, D'Annunzio- tuvieron un toque especial, pero cuyos claroscuros impresionaron también a los autores españoles: Benavente hizo con la alta comedia melodramática un retrato de la enrevesada sociedad burguesa de su tiempo, Linares Rivas fue más tosco y más alarmante -metido de lleno en casos del Código Civil-, Honorio Maura la descendió, la degeneró. A todos ellos les estrenó Eugenia Zuffoli. Su voz de tiple se había matizado en suavidad y delicadeza, pero podía sacar registros trágicos. Todo un teatro -de la revista a la alta comedia- desaparecido para siempre. Eugenía Zuffoli le ha sobrevivido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de enero de 1983