_
_
_
_
Tribuna:SPLEEN DE MADRID
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Los currantes

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

La reducción de la jornada laboral a cuarenta horas semanales no supone que esto vaya a ser un socialismo camastrón y un relajo, como me decía un "gusanito" en los sesenta:-Fidel me echó de Cuba porque yo me tomaba la revolución a relaho.

No, esto no nos lo vamos a tomar a relaho, sino que la reducción de horas supone apretar el curro, aprovechar el tiempo, rendir a tope y (seguramente) suprimir fiestas obviables y cristos de pueblo, por aclarar el calendario de puentes. En lugar de echar a Buster Keaton media hora, los domingos, segunda, que lo echen toda la tarde, y así el ocio del currante será un ocio culto. Los nacionalistas revolucionarios de Guatemala piden mochilas, hornillos de gas, sacos para dormir, lámparas de gas, anoraks, gafas, tiendas de campaña y tomavistas. O sea, que siempre hay alguien que está peor. Siente un guatemalteco a su mesa. Rafael Alberti me envía un dibujo en amarillo y plata, con un abrazo. ¿Quién ha trabajado más que este haragán genial en el siglo XX español, universal, progresista y nuestro? Alberti vive hoy en un Madrid manhattánico, desde cuyas alturas (canto de Oriol Bohígas a la arquitectura "comercial" yanqui) seguramente alcance a ver las salinas de su puerto, como una navidad laica de cristal extenso. Alberto Alvarez de Cienfuegos Torres, poeta, me felicita en tarjeta donde se pone: "Quinto Regimiento de Milicias Populares, Batallón Mariana Pineda, 68 Brigada Mixta, Tercer Batallón". Ya es hermoso que las huestes republicanas se llamasen Mariana Pineda. El perdurable maestro Francisco Ynduráin me dice que "está retirado del mundo activo institucionalizado".

A los currantes de la cultura también les jubilan, pero la vocación sigue trabajando por dentro, entre horas, y la prueba es que mi colombroño (tocayo: él me enseñó la palabra) me adjunta su último ensayo. ¿Por qué cuando va uno a una ventanilla oficial a solventar un impreso le dejan a vivir en la cola, y en la banca privada nos sueltan la pastizara en tres minutos? No es el español, sino el engranaje, lo que falla. Cuando el engranaje es laboralmente bueno, nuestro currante rinde a tope, y si no, ahí están los tercios gloriosos y resudados de la emigración laboral en Europa: entre miles y miles, jamás se recuerda una baja por incapacidad o incumplimiento. Martín Descalzo, que es mi "director espiritual" en lo poco que tengo de espirituoso (spitoso dicen los chelis), ha publicado con el editor Lara El demonio de media tarde. La novela se abre con esta frase de san Agustín: "A veces Dios cura la oculta soberbia con la manifiesta lujuria". Lo malo es que nuestra pomada/jet ha sido lujuriosa y ensoberbecida durante años, siglos. Y ahora les parece mal que Felipe González nos recuerde, sin ningún revolucionarismo, lo que su paisano Pemán dijo lacónicamente: "El hacer sencillamente lo que se debe de hacer". González/Guerra han entendido que la primera revolución que hay que hacer en España (y la más revolucionaria) es la de ir todos los días a la oficina. Lo que la genial Lola Flores resumía (como aquí he recordado otras veces) en cartel a su elenco: "Comportarse". No matar la araña, no hacer demasiado pis, no vivir la fresadora como un hito aburrido entre puente y puente del calendario. Bastan menos horas si se trabaja de verdad, con lo que no sólo habrá mejorado el producto bruto nacional, sino también la conciencia, la estructura ética del trabajador.

Patronales, empresarios y anunciantes andan contra la movida de las nuevas tarifas publicitarias de la tele socialista. El aumento me parece una forma inteligente de impuesto indirecto al capital anunciante y consumista. Las compactas que anuncian champagnes navideños están currando, así, para el currante. Con lo que uno las encuentra mucho más compactas.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_