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La victoria socialista

El triunfo socialista puede alterar las alianzas en la autonomía gallega

Santiago de Compostela
La victoria del Partido Socialista Obrero Español en las elecciones legislativas del pasado jueves ha sido acogida con entera normalidad en toda España. Las reacciones no han reflejado otra actitud que la sorpresa de algunas fuerzas políticas nacionalistas por la dimensión de sus propios resultados. Tal ha sido el caso, por ejemplo de Herri Batasuna. No se descarta, después de las declaraciones efectuadas por algunos dirigentes regionales del PSOE, que la fuerte transformación experimentada por el mapa político español modifique las alianzas en algunas comunidades autónomas, en las que con excepción de Andalucía, ningún partido disfruta de mayoría absoluta. A la hora de valorar las elecciones, dirigentes nacionalistas vascos no han dudado en afirmar que la televisión ha influido de manera decisiva en los resultados.

Un acuerdo de coalición en el Parlamento gallego entre Alianza Popular y Unión de Centro Democrático o, lo que resulta más improbable, entre este último partido y el PSOE, podría ser la primera consecuencia directa en Galicia del triunfo socialista en las elecciones generales de anteayer.Horas después de conocerse los primeros resultados, el secretario general de los socialistas gallegos, Antonio Rodríguez, propuso públicamente a UCD, que con sus veintidós diputados ejerce un papel arbitral en la Cámara legislativa gallega, una definitiva clarificación en su ambigua postura de apoyo pasivo a la Xunta que controla AP. "Un gobierno de coalición", aseguró Rodríguez, "se hace necesario en Galicia antes de las elecciones municipales, y esto es algo sobre lo que UCD deberá definirse en el más breve plazo posible". Aún siendo consciente de las escasas posibilidades de que su oferta sea aceptada, el secretario regional socialista llegó a sugerir elípticamente un acuerdo parlamentario entre su partido y UCD. "Nostros", dijo, "propusimos un proyecto de cambio para el Estado y ahora estamos abiertos a realizar ese mismo cambio en Galicia".

La hipótesis de una coalición de centristas y socialistas que pudiera relevar al actual gobierno de la Xunta, fue abiertamente descartada, sin embargo, por el presidente Gerardo Fernández Albor, quien se mostró satisfecho, en sus primeras declaraciones oficiales, por el respaldo de los votantes a su partido como primera fuerza parlamentaria de Galicia al cabo de un año de ejercicio del poder autonómico. "Yo creo", afirmó, "que el resultado de las elecciones no tendrá ninguna repercusión en Galicia, porque tanto UCD como el PSOE son conscientes de que estamos gobernando con su autorización".

La inexistencia de cualquier acuerdo parlamentario -al que UCD ha venido rechazando sistemáticamente- hace difícil prever cuál puede ser la reacción de los diputados del grupo centrista, renuentes en cualquier caso a establecer con el PSOE el pacto de gobierno que hasta ahora niegan a Alianza Popular.

La única excepción a esta tendencia general la ofrece el presidente del Parlamento, el centrista Antonio Rosón, que ayer expresó a EL PAIS su convicción de que el resultado de las elecciones "podría afectar incluso a medio plazo a la supervivencia del Gobierno autónomo". Rosón insistió en precisar, sin embargo, que esa sería tan solo "una posibilidad". "Hay que delimitar muy bien las áreas", concluyó, "y en este sentido no podemos olvidar que AP se ha confirmado como la minoría mayoritaria en Galicia".

Las elecciones han supuesto, También, un sério correctivo para los partidos nacionalistas, que han perdido globalmente votos con relación a los comicios del pasado año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de octubre de 1982