Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

El paisaje cambiado de la actriz Charo López

El éxito de 'Los gozos y las sombras' sorprende a la intérprete después de 17 años en activo

Una de las revelaciones más sorprendentes de la reciente cinematografía española fue la serie Los gozos y las sombras, emitida por Televisión Española y basada en la obra novelística de Gonzalo Torrente Ballester. En el universo de esa serie destacó la presencia de una actriz de gran carácter, Charo López, a la que sorprendió su éxito, que, según ella misma ha dicho, ha cambiado su paisaje.

Dice Charo López que, en el trabajo, le sucede a uno lo que en la vida: que uno no puede hacer nada por sí mismo. Te sorprende la vida, te sorprende el trabajo. A Charo, especialmente, la ha sorprendido el éxito. Tras el impacto de la serie televisiva Los gozos y las sombras, a esta actriz que lleva casi diecisiete años en activo le ha cambiado el paisaje. Y si cuando la entrevistabas antes -antes del éxito- se le salían los miedos por los poros, ahora parece provista de una serenidad nueva, de un deseo de atar bien cortas las bridas de su futuro.No siempre fue así. A lo largo de mucho tiempo ha tenido que aceptarlo todo, que hacerlo todo, porque no podía permitirse el lujo de desaparecer. Y si la tuvimos en películas que no le hicieron justicia, y si sólo a ráfagas, esporádicamente, entrevimos su talento y su belleza mezclados con la paja de lo convencional, su éxito en la serie basada en la obra de Torrente Ballester le ha rendido una justicia que no resulta demasiado tardía.

MÁS INFORMACIÓN

"Personalmente, lo que me pasa después de Los gozos... es que me he ablandado por dentro. Me río todo el tiempo, me he relajado, trabajo mejor, tengo menos sensación de urgencia, me parece que he encontrado un escalón para sentarme cómodamente durante un rato. Incluso se me ha puesto, un poco, risa de tonta. Cuando estaba pensando que para el golpe final faltaban por lo menos tres años más de madurez mía como mujer y como actriz, siento que alguien me ha dado un bofetón y me ha dicho: 'Sigue corriendo, toma el relevo'".

Suena el teléfono

Y le ha ocurrido, sobre todo, que el teléfono -ese bicho tan importante en su vida, en la vida de cualquier -actor o actriz- ha empezado a sonar sin parar. Con felicitaciones, y también con ofertas. Charo tiene pendiente la Sonata de invierno, de Romero Marchent, y una película de Nino Quevedo -productor de La busca, director de Goya- en la que tiene puestas muchas esperanzas. Y otras cosas: teatro, televisión... "Todo, casi todo lo que puede surgir en este país".

Le pregunto si eso significa que, finalmente, puede escoger sus papeles: "Del todo, no, porque yo dependo de un teléfono y de una industria. Pero en una medida importante, sí. Al menos, ahora, no puedo ni quiero ni debo amparar7 me en esa muletilla de que aquí hay que hacerlo todo. Voy a exigirme al máximo durante un tiempo, voy a decir no mientras sigua creyendo que ha pasado algo. En definitiva, yo estoy segura de que lo mucho o lo poco que pueda hacer en el futuro -que yo creo que es muchísimo-, lo mucho o poco en que me puedan ocupar , depende en una gran medida de mí, de mi coherencia. Demos tiempo al tiempo".

Crucificada entre dos ojeras de violeta y una pequeña hendidura en el ceño que es como un sobresalto, aprisionada por el óvalo gatopardesco de su rostro, combinada en negro, como casi siempre, Charo ofrece una imagen dramática que su forma de hablar no desmiente: la voz, hecha un ovillo, se le va desenroscando poco a poco, temerosa de trivializar o de cometer errores. Hubo una época en que se negaba a peinarse moño por miedo a parecer una folklórica, El tiempo la ha convertido, sin embargo, en la actriz ideal para incorporar personajes femeninos profundamente ligados a esta tierra: la Eugenia de Entre visillos, la Manuela de Manuel Halcón, una inolvidable Mauricia la Dura en Fortunata y Jacinta, y la reciente Clara de Los gozos y las sombras. ¿Da esto la razón a quienes vienen hablando de su encasillamiento?

Mujeres locas

"No. En efecto, he tenido la suerte de interpretar cuatro o cinco personajes de este tipo que han tenido una enorme repercusión por su condición de mujeres locas, desequilibradas. Dramáticamente, la locura corresponde a un desarrollo rico, lógico y brillante del personaje, cosa que no suele ocurrir en lo que los guionistas entienden por papeles normales, que suelen ser tratados con superficialidad sin rigor. Por eso pienso que esas mujeres que abiertamente se manifiestan a través del desorden psíquico me dan la posibilidad de acercarme a ellas con toda valentía, con toda sinceridad y sin esfuerzo. Creo que es una gran suerte que me las ofrezcan, y espero que sigan haciéndolo".

"Personalmente", añade, "no tengo ningún tipo de interés en limitarme a este tipo de papeles. Me los han dado, los he hecho, me siento especialmente bien con ellos, pero sigo estando a disposición de los guionistas. Y quiero decir también que todas las actrices españolas, por el simple hecho de ser ambas cosas, pueden hacerlos igualmente bien".

Una palabra clave en la carrera de Charo es miedo. Parece que, a raíz de la seguridad que da el éxito, lo ha perdido. "Sí, he perdido el miedo a mí misma, pero no al medio en el que me desenvuelvo. El medio, tal como está, no protege a los actores. Es una lucha, y hay que ganarla, o perderla, diariamente". ¿Ni siquiera se encuentra protección en los directores, que son como los padres que, película a película, deberían conducirles tomados de la mano?

"A lo largo de más de quince años de profesión, sólo me he sentido protegida, en dos ocasiones, por dos directores. Uno de ellos fue Mario Camus, en Fortunata y Jacinta. Por lo demás, no me he sentido ni cuidada ni descuidada, sino ignorada, un número más. Mi trabajo, por un principio y por una obligación que yo contraje al ser actriz, ha sido lo mejor posible.

Pero jamás, aparte de esos dos casos, me han ayudado, potenciado o estimulado. Supongo que ese ha sido el precio de ser una actriz elegida a bulto, al peso. Ahora me permito el lujo de decir que necesito que me mimen, que me cuiden que me protejan, que me estimulen, que confíen en mí. Porque si eso ocurre, el resultado es bueno para todos, porque la actriz, o mejor dicho, su personaje, es el escaparate donde se muestra el talento de un equipo".

Con miedos menores, y con mucha fe, Charo López se dispone a dirigir su futuro. Para no depender del último contrato, para no dejarse llevar por esa mecánica fácil de decir: "Bueno, mándame el guión, cuánto cobro, qué día empezamos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de agosto de 1982