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Israel teme que Washington negocie directamente con los palestinos

Los medios oficiales israelíes no parecen demasiado impresionados por las amenazas saudíes de "destrozar la economía occidental" si las fuerzas del Estado judío asaltan Beirut oeste. Tampoco parece haber hecho mella la suspensión de la venta de bombas de fragmentación decretada por Washington. El Gobierno israelí sólo teme una cosa, que Estados Unidos emprenda conversaciones con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).Las palabras saudíes han caído en saco roto por dos razones fundamentalmente. En primer lugar, porque el portavoz de los saudíes ha sido el senador Charles Percy, y en Jerusalén no se cree ni en la pureza de intenciones ni en la imparcialidad de Percy, presidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado norteamericano, conocido por sus escasas simpatías hacia los israelíes. En segundo lugar, porque el arma del petróleo ya no es lo que era tras el descubrimento de los pozos de petróleo en México, Noruega, Escocia y otros lugares. Además, los países industrializados de Occidente, tras la crisis de 1973, han acumulado stocks de petróleo para detener todo nuevo chantaje petrolero.

La amenaza saudí de "retirar las inversiones" de los bancos y holdings norteamericanos no ha sido tomada en serio por el mundo bancario internacional porque sería "un arma de doble filo, que también afectaría a la familia real saudí", según ha comentado un economista israelí.

En una palabra, en Israel no existe desasosiego por las palabras del senador Percy.

Por otra parte, la suspensión de la entrega de bombas de fragmentación norteamericanas al Ejército israelí ha sido acogida con una buena dosis de indiferencia sobre todo si se piensa que éstas no son, ni mucho menos, las armas más importantes que Israel espera recibir de Estados Unidos. "Washington tenía que hacer algún gesto para apaciguar al mundo árabe y en especial ante el ministro sirio de Asuntos Exteriores, recibido por el presidente Ronald Reagan" se comenta en Israel, donde existe la certeza de que Washington continúa apoyando a Israel en las cuestiones de fondo, "al menos en el futuro previsible".

El gran temor

La explicación de esta certidumbre descansa, según medios gubernamentales, en que "les hemos entregado Líbano en bandeja de plata. El simple hecho de que Hafez el Asad envíe a su ministro de Asuntos Exteriores a Washington, y no a Moscú, prueba que hoy, gracias a la operación israelí en Líbano, Estados Unidos, y sólo Estados Unidos, cuenta con todas las cartas para encontrar una salida a la crisis".

No hay temor, pues, en Tel Aviv ni a una suspensión de la venta de armas ni a una crisis abierta con Washington. Lo único que preocupa realmente en los medios gubernamentales israelíes es la búsqueda de un diálogo con la OLP, del que el nuevo secretario de Estado norteamericano, George Shultz, parece partidario.

Noticias como la de que el enviado especial de Reagan a la región, Philip Habib, pudiera entrevistarse con Yasir Arafat siembran literalmente el pánico en la presidencia del Gobierno israelí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de julio de 1982