La imagen deformada del estudiante
Ante el artículo publicado en EL PAIS del 25 de mayo de 1982, en la sección de Educación, y bajo el título "Exámenes: la última prueba final", quería hacer los siguientes comentarios:En primer lugar, quiero decir que me parece una imagen algo deformada la que se da del estudiante. Es cierto que en los finales hay ojeras, nervios y cambios de carácter, pero no creo ni mucho menos que los estudiantes empiecen a emborracharse, a acordarse de Dios, e incluso me parece que son los menos los que recurren a la centramina o a otros estimulantes fuertes.
En segundo lugar, expresar mi más profunda indignación y desprecio por aquellos estudiantes que refleja el artículo; que pasan durante todo el curso y luego... ¡la paliza! La formación por el estudio es un proceso, no un atracón. Todos estamos de acuerdo en que la docencia es bazofia pura, pero nunca nos acordamos de los textos extranjeros; y hay pocos, pero sobran, porque nadie los emplea.
Y mucho menos se ven las asambleas, manifestaciones y otras iniciativas que antes tomaban los estudiantes para mejorar la enseñanza. De cualquier modo es muy cómodo, amparado en lo mala que es la enseñanza, perder dos o más años impunemente, y lo que es peor, malgastar el dinero que todos los españoles invierten en ellos (y no sólo su papá, como ellos mismos creen).
Y por último, una reflexión que enlaza lo anterior con un hecho tristemente real, como es el escaso número de estudiantes universitarios de la clase media o mediabaja: ¿no será que todo esto de las locuras de los exámenes finales sea la consecuencia de que la selección para el ingreso en la universidad es meramente económica?
A este respecto puedo poner como ejemplo un grupo de estudiantes becados y de familias obreras que entramos en la universidad en 1976. Cuando se suspendía un curso no había posibilidad de repetirlo porque la familia no te podía pagar la matrícula, y mucho menos mantenerte sin que aportaras nada a casa. Y así ha sucedido, sólo unos pocos hemos terminado los estudios y, desde luego, sin perder ni un año.
Creo que ya es hora de que la entrada a la universidad venga dada por los méritos de inteligencia, conocimientos y trabajo realizado a lo largo de la EGB, BUP y COU, y no por el dinero de nuestro papá.l
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