Nacha Pop, los peros de un gran grupo
El fin de semana pasado se presentó en Madrid el grupo español Nacha Pop, sin lugar a dudas uno de los mejores que surgieron en la famosa nueva ola madrileña. En principio iba a hacerlo en una nueva sala de conciertos, la Morasol, pero, cosa rara, al susodicho local le faltaban requisitos legales y arquitectónicos para proceder a la inauguración. De donde el grupo y su público hubieron de trasladarse al sempiterno Rock-Ola, que tuvo a bien llenarse en las tres sesiones, con un saldo total de 3.600 personas.Nacha Pop es uno de los pocos grupos que desde el principio levantaron todo tipo de fervores y respetos. El mero hecho de que no fueran exóticos al estilo Pegamoides o Zombies, el que su música fuera veinte veces más enérgica que la de Secretos y la capacidad como cantante y guitarrista de António Vega les segregó en cierta forma de sus compañeros de generación hasta situarles en un limbo distinto e indiscutible desde el que hacer su música con tranquilidad (pop-rock muy fuerte, dicho sea de paso). Con todo, el éxito de un concierto radica tanto en lo que realmente sucede cuanto en que ese suceso cubra las expectativas exigibles. Y desde ese punto de vista, el de Nacha Pop, habiendo sido mucho mejor que lo habitual en esta tierra, se queda a tres cuartos del camino. Al igual que en sus discos, uno tiene la impresión de que pueden llegar a más, que pueden derrotar y convencer sin ningún considerando. Y considerandos hubo. Como que existen grandes altibajos en las canciones, como que el sonido no fuera como debe, como que los arreglos sonaran muchas veces confusos. A cambio teníamos un cantante enorme, un buen juego de guitarras, una rítmica que cuando se acopla resulta tremenda y unas cuantas canciones emocionantes.
Otros que actuaron a lo largo del fin de semana fueron La Mode y Clavel i Jazmín, acompañados por el transformista Eddy. La Mode, que abrían cartel, estuvieron como acostumbran. Esto es, largando buenas canciones (magníficas, diría yo) y largándolas mal. Al cabo de los años se ha demostrado palmariamente que Femando Márquez, El Zurdo, no canta demasiado y que un grupo sin ensayo difícilmente puede llegar a sonar bien. Con todo y con eso, las canciones son lo suficientemente interesantes como para ponerlas en un plástico. Por su parte, Clavel Jazmín, con el inefable Paquito al frente, volvieron a mostrar cómo puede hacerse cabaré moderno y eléctrico a estas alturas del siglo. Las canciones son paseos eruditos por el género, con la inclusión de algún rock o de clásicos de los cincuenta y sesenta. Sobre ese material, unos buenos arreglos y un show a cargo de Paquito verdaderamente impagable. El único pero, y es leve, consiste en que Clavel i Jazmín tal vez necesiten un ambiente más propicio.


























































