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Ambiente pacífico y festivo en las últimas horas de la fiesta fallera valenciana

La fiesta de las fallas acabó anoche con la quema de los monumentos de cartón y madera que durante cuatro días colapsaron el tráfico de la ciudad y provocaron la invasión de los establecimientos hosteleros. La polémica autonómica ha estado presente durante los festejos por la presión de un sector de comisiones falleras que intentó retrasar tres horas sobre el horario previsto tradicionalmente la quema de las fallas para protestar contra la derrota de la denominación Reino de Valencia en el Congreso de los Diputados.

En el desenlace pacífico de la fiesta ha colaborado marcadamente el llamamiento realizado por la fallera mayor de Valencia, María José Esplubes -secretaria en paro y miembro de una modesta familia de trabajadores-, que ha simbolizado este año un aire de renovación en su calidad de tercera fallera mayor elegida democráticamente. María José apeló a los valencianos par que la quema fuese a las doce de la noche y la fiesta no fuese motivo de enfrentamiento. También la actitud de la Junta central fallera ha frenado la presión del sector que defiende la denominación "Reino de Valencia" al no aceptar un comunicado que su coordinadora trató de entregar al presidente de la citada junta para pedirle su solidaridad al retraso de la quema. En este comunicado se decía que el 90% del censo fallero apoyaba la medida.La fiesta fallera ha sido, un año más, ámbito de encuentro de valencianos y foráneos y espejo sarcástico, más allá de la polémica política. En la falla del primer premio, ubicada en la plaza de Na Jordana, ardieron juntos Fernando Abril, presidente regional de UCD, Felipe Guardiola (PSOE), vicepresidente del Consejo y Amparo Cabanes (UCD) consejera de Educación. Estas tres figuras han representado una de las escenas más populares de estas fallas, pues Abril sobre la tortuga de cuatro años que representa la autonomía, agradecía a Guardiola la colocación delante de la tortuga de una lechuga para hacerla avanzar un poco más rápido, mientras con la otra mano el dirigente socialista regaba el magnolio plantado en Benicasim (Castellón), símbolo de la autonomía. Por su parte, Cabanes aportaba la polémica lingüística a la tortuga autonómica.

Las fallas se han convertido también en el ámbito donde han podido estrechar su mano el dirigente comunista Santiago Carrillo y el capitán general de la III Región Militar, Rafael Allendesalazar, con motivo de una paella servida en el "Casal" que el ayuntamiento instaló en la plaza del País Valenciano.

Durante las fiestas, en esta barraca se han encontrado las personalidades visitantes con autoridades y dirigentes de partido. Marcelino Oreja, delegado del Gobierno en el País Vasco, disfrutó en una falla de Mislata, localidad próxima a la capital, de la que es presidente de honor, ya que el cerco habitual de guardaespaldas que le protege en su residencia vasca quedó reducido a la mínima expresión.

En general se ha detectado un interés de las comisiones falleras por volver a los orígenes populares de la fiesta, dejando al margen la manipulación que experimentó durante los años del franquismo la fiesta de San José y durante los últimos años, ya que los partidos de la derecha, en especial AP y UCD han intentado recabar el apoyo de las comisiones falleras en favor de las tesis políticas que han venido manteniendo durante los debates del Estatuto autonómico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de marzo de 1982

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