Aventura en ambulancia
Por circunstancias de la vida viajé por primera vez en una ambulancia acompañando a una enferma, anciana ella y sola, aquejada por agudos dolores en el vientre.Al ir a la Cruz Roja de Cuatro Caminos, desde Alcalá de Henares (treinta kilómetros), fui sorprendido por el eficiente servicio solicitado por la afiliada a la Seguridad Social.
Pero al retornar, de madrugada, lo hicimos en otra con matrícula M-3379-DY, y numeración particular número 3. Por fuera no parecía mal, pero por dentro...
Ya al salir me extrañé de que el copiloto se agenciase una manta que puso sobre sus rodillas. Yo solicité que subiera su cristal, pues tenía bastante frío, y hete aquí la respuesta: "Más lo siento yo, que voy alante, pero es que no se puede subir".
Me quedé de piedra. No salía de mi asombro, comprobando además que el frío entraba por todas las rendijas de la flamante ambulancia. A modo de pasamontañas tuve que utilizar para la enferma la sábana de la camilla.
Pensaba también en cuánto estará tasado este servicio de la Seguridad Social. En estos casos, quizá sea mejor hacer un convenio con la Renfe, con el servicio de puerta a puerta./


























































