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"Jamás abandonaré el barco".

Apenas sí había pronunciado esta frase ante el congreso regional de los socialdemócratas de la Baja Sajonia para desmentir rumores en torno a su posible dimisión, cuando el canciller de la RFA, Helmut Schmidt (en primer plano), sufrió ayer un calambre en el músculo cardíaco que le obligó a abandonar la sala. La víspera, Schmidt había amenazado con abandonar su cargo si la coalición gubernamental no se ponía de acuerdo sobre el programa de lucha contra el paro. Al jefe del Gobierno germano-occidental le fué instalado un marcapasos el pasado octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0030, 30 de enero de 1982.

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