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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

La informática en el bachillerato

La incorporación de la informática a la sociedad moderna y el vasto desarrollo que se le pronostica en esta década hacen pensar en la necesidad de introducir su enseñanza entre los programas de educación española. Más de quinientos microordenadores funcionan en las escuelas y liceos franceses, frente a menos de veinte en los centros escolares españoles.

La aparición de los microordenadores, hace ahora seis años, a un precio asequible para las instituciones escolares de grado medio ha supuesto un reto para algunos profesores de varios países.Estos profesores, después de. plantearse la pregunta: ¿qué hacer con la informática en la enseñanza media?, han empezado a actuar. Y han empezado a actuar, precisamente, para poder dar alguna contestación a la pregunta. Porque esta cuestión es de las que no se pueden responder a priori, sin experiencias reales en las que basarse.

En unos países, la actuación de los profesores ha sido provocada, planificada y apoyada por las autoridades responsables de la Educación y del Gobierno en general. Así ha sucedido en Francia, donde ya en el año 1970 se puso en marcha el Plan Mercouroff, que consistió en dotar de un miniordenador y ocho consolas de trabajo a 58 liceos. Todo ello acompañado de un vasto programa de formación, dentro del cual se prepararon 513 profesores con cursos de un año de duración y una cantidad mucho mayor de ellos con una formación ligera. Este plan fue interrumpido en 1976 para dar paso en 1979 al famoso plan de los 10.000 micros, que tenía que cumplirse en un plazo de cinco años. En el momento presente, este proyecto está congelado. Sin embargo, entre quinientos y mil microordenadores han sido repartidos a las escuelas y liceos de Francia.

En otros países, tal es nuestro caso, los profesores han actuado como enseñantes furtivos de la informática, contando, bien es verdad, con la mirada benévola y el consentimiento tácito de las autoridades ministeriales.

Esfuerzos aislados como los de algunas fundaciones, los de algún Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) y los de algunos Centros de Cálculo Universitarios es todo lo que se ha hecho en España desde la esfera que podríamos llamar institucional. En estos momentos hay una gran inquietud entre algunos grupos de profesores. Los focos de inquietud podríamos localizarlos en las provincias de Madrid, Barcelona, La Coruña, Sevilla, Ciudad Real, León, Las Palmas, Murcia, Granada y Vizcaya. Se trata de pocos profesores, en pocos sitios, con pocos medios, trabajando desde hace poco y con pocos alumnos. En definitiva: poco de poco, por no decir nada de nada.

Trabajan con calculadoras programables o con microordenadores de configuración mínima adquiridos por el propio centro o por la asociación de padres.

Por lo general, la informática se practica en horas no lectivas, con grupos de alumnos voluntarios. En otros, casos se imparte como una asignatura optativa en segundo y tercero de BUP, dentro del grupo de las EATP, aprovechando un resquicio legal que ofrece la ley que regula las Enseñanzas y Actividades Técnico-Profesionales.

Por lo común, la informática se reduce al aprendizaje y práctica de la programación en lenguaje BASIC, con aplicaciones al cálculo numérico, a la creación de juegos y a la simulación de algún experimento físico o probabilístico que pueda utilizarse en el aula. Por otra parte, es muy difícil evaluar con exactitud el parque de microordenadores en bachillerato. Por aventurar una cifra, podríamos dar la de veinte en toda España.

¿Qué habría que hacer?

El Ministerio de Educación y Ciencia debería:

1. Suministrar material a los grupos que quieren trabajar en informática y no pueden por falta de equipos.

2. Apoyar a los grupos que actualmente ya están trabajando, ampliando la dotación de micros, que suele ser de uno por centro. Y, al mismo tiempo, completar los equipos existentes con periféricos auxiliares (memorias de discos e impresoras).

3. Simultáneamente, iniciar un vasto plan de formación de profesores y equipar con material a los profesores formados.

4. Formar varios equipos para que investiguen en las dos direcciones fundamentales que vamos a exponer más adelante.

5. Fomentar las vocaciones informáticas entre los jóvenes; para lo cual, la Administración, junto con otras instituciones, debería apoyar todas las iniciativas encaminadas a cumplir este objetivo. Por ejemplo, debería apoyar los Torneos Escolares de Programación 82, que se van a organizar, en distintas zonas del país.

6. Entre tanto, propiciar la implantación de la informática como EATP, que, por el momento, es la manera más cauta, más prudente, más realista y menos comprometida de practicar la informática en el bachillerato, puesto que el centro será libre de establecerla o no, y los alumnos, libres de elegirla. Además, los profesores no tendrán que dar horas extraordinarias para poder desarrollar esta disciplina. Y todo esto sólo exige una interpretación amplia de la ley.

La gran polémica que se desarrolla en estos momentos en algún país europeo es la que subyace en este juego de palabras: Informatizar la enseñanza o enseñar la informática.

A nadie se le escapa que las dos alternativas son radicalmente distintas y que encierran ideas pedagógicas absolutamente diferentes.

Bajo el lema de informatizar la enseñanza se alinean aquellos que piensan que la informática es un auxiliar, un instrumento o un apoyo para el aprendizaje de cualquier disciplina. Para estas personas, el ordenador es un profesor.

Los partidarios de enseñar la informática son los que creen que esta materia es una disciplina mental, una herramienta importante para el alumno (independientemente de que también lo sea para el profesor). En definitiva, aquí están los que consideran que el ordenador es un alumno al que el alumno (verdadero) enseña programándolo... y ya se sabe que se aprende mucho enseñando.

En un futuro inmediato habrá que analizar cada una de las alternativas, su eficacia y sus costes económicos y pedagógicos. Pero, en todo caso, es necesario planificar, extender y apoyar las experiencias para poder decidir si el estudio y práctica de la informática deben figurar en el bachillerato y, en caso afirmativo, en qué direcciones hay que caminar.

Ricardo Aguado-Muñoz es catedrático de instituto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de enero de 1982