Brassens conocía desde hace seis meses que un cáncer acabaría con su vida
Georges Brassens, el cantante y poeta ante cuya memoria se inclinaron todos los franceses el pasado viernes, ya había muerto casi veinticuatro horas antes de que la noticia fuese anunciada a los medios de comunicación. Desde hacía seis meses padecía de un cáncer generalizado. El sábado, temprano, fue enterrado en la más estricta intimidad.
Desde el último mes de mayo, Brassens sabía con certeza que iba a morir, más o menos rápidamente, víctima de un cáncer generalizado. Joha, la compañera con la que vivió durante 36 años (el la llamaba Muñequita y ella a él, el rey Jo), conocía el secreto fatal, y también algunos íntimos del cantante. Hace dos semanas, Brassens palpó la muerte y, en avión, se trasladó a su pueblo natal, Sète, en donde quería morir y ser enterrado.Según cuentan ahora los amigos que lo cuidaron hasta el último momento, el día 25 del pasado octubre vivió los últimos momentos de lucidez. Incluso se levantó, caminó unos pasos y bromeó. Uno de sus copains (arnigos), Víctor Laville, fue quien habló con él por últiina vez, el jueves de la semana pasada. Quiso animarlo hablándole de una próxima reaparición en el eatro Bobino, parisiense, y Brassens, con una sonrisa triste, le respondió: «¿Sabes una cosa? Creo que esto va en serío». Pocos morientos después, a las 23.15 horas, moría. La noticia se dio a conocer al día siguiente, viernes, al final de la tarde.
El sábado por la mañana, a las ocho, algunos amigos y parientes, según sus deseos, le acompañaron hasta el denominado cementerio de los pobres, en donde le bendijo un sacerdote, sin más ceremonias, ni discursos. Ayer, Día de los Difuntos, hasta su tumba llegaron coronas de flores de toda Francia.


























































