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Inauguración en Barcelona del primer Museo de la Ciencia de España

El Museo de la Ciencia de Barcelona, primera realización de España en su especialidad, a pesar de que ya existen en el mundo 104 instalaciones similares, ha sido inaugurado recientemente de forma definitiva, tras una etapa de nueve meses de funcionamiento parcial. Este museo ha merecido un juicio muy elogioso por parte del presidente de la Asociación Internacional de Museos de la Ciencia, y director del de Chicago, doctor Daniloff, quien felicitó a la dirección del Museo de Barcelona por «la forma activa con que ha sido planteado, yendo más allá de la simple exhibición de objetos y máquinas diversas». En los primeros meses de funcionamiento provisional, el Museo de la Ciencia de Barcelona recibió 105.000 visitantes.

Las instalaciones de este museo, creado por la Obra Cultural de la Caja de Pensiones (la popular Caixa), ocupan una superficie de 5.600 metros cuadrados, de lo que 3.800 son de visita directa por el público. El primer proyecto fue presentado a los órganos de gobierno de la Caixa en febrero de 1978. La localización prevista era el antiguo hospital de ciegos Amparo de Santa Lucía, al pie del Tibidabo, y la instalación combinaba áreas de exhibición permanente, de carácter didáctico, con otras más espectaculares (por ejemplo, el Planetario o el cine científico), buscando siempre una participación activa del visitante, que no sólo contempla, si no que contribuye directamente como un juego, a las diversas experiencias que se le proponen.A principios de 1979 tuvo lugar una experiencia piloto de comprensión de la ciencia, mediante un ciclo de visitas de estudiantes. Este ciclo de visitas fue considerado, en las encuestas realizadas posteriormente, como «divertido y útil». Todo este bagaje de opiniones y experiencias animaron a los directivos del museo y a los especialistas contratados por la Caixa a formalizar definitivamente el proyecto, abriéndose provisionalmente en la Navidad de 1980 (con sólo tres salas y el Planetario) y completándose todas las instalaciones ahora, en el momento de su inauguración formal.

Algunas de las piezas expuestas son muy delicadas, pero en su mayor parte han sido pensadas para que el visitante pueda probarlas y manipularlas, comprobando su funcionamiento y experimentado con ellas. No existe en todo el museo ni un solo cartel de «No tocar».

La idea básica es la de ofrecerle al visitante la posibilidad de «descubrir» por sí mismo todo lo que se le muestra, en lugar de presentarle pasivamente las distintas realizaciones. Ese descubrimiento es, en muchos casos, un juego. «Y lo es voluntariamente, porque el niño que hoy juega, puede venir mañana con un bloc y tomar apuntes», según nos confirmaba uno de los responsables del museo.

La estructura actual del Museo de la Ciencia comprende cuatro áreas, de las que la primera (exhibiciones permanentes) es, sin duda, la más importante. Comprende la sala de Optica, con cuarenta unidades de exhibición que pretenden mostrar las leyes básicas que rigen la propagación de la luz y algunas utilizaciones prácticas de dichas leyes (espejos, prismas, lentes, etcétera); la sala de Percepción, con 33 unidades de exhibición que nos permiten darnos cuenta de que las, sensaciones que percibimos a través de nuestros sentidos son la consecuencia de un proceso muy complejo, a menudo engañoso, elaborado por el cerebro; la sala del Espacio, con nueve unidades, un audiovisual y dos vídeos, que muestran algunos aspectos significativos de la astronomía y la astranáutica; la sala de Mecánica, con veintitrés unidades de exhibición, seis audiovisuales y un vídeo; la sección de Microordenadores, que familiariza al visitante con el mundo de la informática; la estación Meteorológica, con once instrumentos con los que el visitante puede medir elementos atmosféricos y el Observatorio Astronómico. Este área comprende asimismo un interesante planetario.

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