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La tensión internacional revaloriza el papel de España ante la Administración Reagan

Los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, concluyeron ayer, en Washington, su visita oficial a Estados Unidos. Los Monarcas, que llegarán hoy a Nueva York en viaje privado de dos días de duración, han recibido una buena acogida por parte del presidente Ronald Reagan y de la Administración americana, en un momento difícil y tenso en las relaciones intergubernamentales de ambos países y, sobre todo, en plena crisis internacional tras la muerte del ex presidente Sadat de Egipto, los enfrentamientos militares en la frontera de Marruecos y la escalada de la tensión entre Washington y Trípoli.

Junto a estos acontecimientos internacionales, que rompen el frágil equilibrio de la orilla sur del Mediterráneo, con la que España mantiene unas especiales y delicadas relaciones de vecindad, se incluye el acelerado proceso de la adhesión de España a la OTAN, impuesto por el Gobierno del presidente Calvo Sotelo, en un globalizado mosaico en el que, a la vista de las interpretaciones oficiales que los portavoces americanos hacen de esta visita real, España aparece como un aliado incondicional de Estados Unidos, sin matices especiales sobre el debate atlántico interno hispano y la peculiaridad de las relaciones que España mantiene con los países del norte de Africa.La franqueza del presidente Reagan, aparte de sus elogios al proceso democrático español y al comportamiento especial de don Juan Carlos, ha evidenciado (como se desprende de las informaciones de la visita que publican los primeros rotativos norteamericanos) que Washington no entra en matices sobre las posiciones peculiares de la diplomacia española, y sitúa a nuestro país como «alido estratégico» de primer orden en la lucha contra la Unión Soviética, como lo declaró el propio presidente norteamericano al término de su encuentro con el Rey. Tampoco han matizado los responsables americanos la diferencia del diálogo que mantuvieron con el Jefe del Estado español y con el ministro Pérez-Llorca en nombre del Ejecutivo hispano, aunque esta diferencia si quedó bien clara en las precisiones que don Juan Carlos hizo en sus contactos oficiales.

Los tratados,

En todo caso, y a la vista de la urgencia y espontaneidad con la que los portavoces oficiales de Estados Unidos sancionan, de un plumazo, el nivel actual de las relaciones Madrid-Washington en favor de sus tesis, parece obvio que el punto central de las diferencias entre ambos países, el fracaso de la negociación bilateral para la renovación del Tratado de Amistad y Cooperación (hoy sometido a prórroga de ocho meses) ha quedado en un segundo plano y se desconoce si Washington ha decidido aceptar, de alguna manera, las exigencias o contrapartidas que España exige para la renovación de los acuerdos, y entre las que se incluía una garantía de defensa frente a terceros (norte de Africa incluido), así como la cooperación tecnológica y modernización del armamento.-Ahora, a la vista de esta entusiasta franqueza proespañola de Reagan, todos los problemas parecen superados, olvidados o simplemente aplazados, y malo sería que alguien pensara de verdad que esta imagen, que sólo es responsabilidad de las relaciones entre los dos Gobiernos, pudiera escudarse tras la Jefatura del Estado español, que quedó al margen, aunque inevitablemente enmarcada en los acontecimientos internacionales y en el debate parlamentario de la OTAN, que coincide con el desarrollo de este viaje oficial.

a segundo plano

Por ejemplo, no sería de extrañar que la fuerza aérea de rápido desplazamiento norteamericana que ha llegado a El Cairo, e incluso los dos aviones Awac que se han desplazado a la zona de Oriente Próximo, hayan utilizado el cielo español o incluso, tocado las bases conjuntas hispano-norteamericanas, en estas horas de tensión en el Mediterráneo. Tampoco sería raro que las crisis de Egipto, Libia y Marruecos se hayan repasado en los diálogos entre los ministros, en los que muy posiblemente el secretario de Estado, general Haig, haya intentado conseguir luz verde para el puente aéreo militar americano para un eventual caso de guerra abierta que, hoy por hoy, nadie considera imposible en la capital americana.

El Rey, en la OEA

Lo que sí es cierto es que España aparece como una plataforma estratégica de primer orden, que hoy más que nunca interesa a la parte norte americana. Y así quedó patente en los contactos con la Administración Reagan, en la cena ofrecida por el presidente norteamericano a los Reyes en la Casa Blanca y en las recepciones y homenaje rendidos a don Juan Carlos en los comités de relaciones exteriores del Congreso y del Senado.Los Reyes, después de acudir ayer a depositar una corona de flores al soldado desconocido, en el cementerio militar de Arlington, se trasladaron a la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde los representantes de los 37 países miembros rindieron un homenaje a los Monarcas españoles.

Don Juan Carlos, en un discurso, hizo frecuentes referencias a los derechos humanos y a la defensa y compromiso que en ese tema tiene la democracia española. «Los Gobiernos de la restaurada Monarquía española han hecho de la defensa de los derechos humanos uno de los puntos inderogables de su acción política», dijo el Rey, quien añadió que la defensa incondicionada de los derechos humanos «no puede ser pretexto para injerencias inadmisibles, ni cobertura de políticas intervencionistas, ni arma arrojadiza y discriminatoria al servicio de la pasión ideológica».

La jornada del Monarca concluyó en un restaurante típico de la ciudad, aunque antes el Rey recibió a toda una serle de personalidades en su residencia oficial, la Blair House. Por su parte, la reina Sofía, acompañada de Nancy Reagan, visitó ayer la National Gallery. Los Monarcas inauguraron también una, exposición del arte español del mañana, de jóvenes pintores españoles, en la galería Corcoran. Hoy los Reyes descansarán en Nueva York en visita privada, irán de compras y muy posiblemente visiten algún famoso restaurante e incluso asistan a algún espectáculo musical.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de octubre de 1981

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