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Crítica:CINE / "SOLO ANTE EL PELIGRO"

A las doce en punto

Es curioso comprobar lo que los dueños del cine de cada país suelen ver en las películas que compran y exhiben. Haig noon, es decir: «A las doce en punto» se tradujo en España por Solo ante el peligro sin demasiada fantasía, aludiendo a la aventura del sherif; en Italia, por Mediodía de fuego, aludiendo a sus disparos y duelos; mas el exhibidor francés superó a todos titulándola muy literariamente: El tren silbará tres veces.Más allá de la pura anécdota, tal trastrocar de nombres vino a poner en evidencia los diversos modos de entender esta historia, desde los que en ella vieron un western más hasta los que la incluyeron entre los dramas psicológicos modernos. No en balde por entonces la caza de brujas arreciaba en América y el mismo director no parecía totalmente a salvo de ella. No ganó el oscar de aquel año, que en cambio se concedió en su obra al mejor actor, a la canción más adecuada y a un montaje excelente, seguramente reunidos y regidos todos por la casualidad que pocas veces suele mostrarse tan acertada y generosa.

Solo ante el peligro

Dirección: Fred Zinnemann.Guión de Carl Foreman, basado en una historia de John W. Cunningham. Fotografía: Loyd Crosby Música: Dimitri Tiomkin. Intérpretes. Gary Cooper, Thomas Mitchell Grace Kelly, Lon Chaney Jr., Olio Kruger, Lloyd Bridge, Katy Jurado. EE UU, 1952. Blancoy negro. Western. En los cines Conde Duque y Peñalver.

Fred Zinnemann, nacido en Europa, ayudante de Siodmack y amigo de Flaherty, llegó a Nueva York en una de las marejadas antinazis para formar parte de su famosa escuela, dando forma a su pasado expresionista en Redes, para cambiar más tarde en Hombres o Teresa. Todo ello debió de pesar en Hollywood a la hora de premiar y a este lado del Atlántico desde que André Bazin lo señaló como fábula del hombre entre el desdén, el miedo y la esperanza, a la hora de la verdad definitiva.

Hoy tal metáfora continúa en pie, a la sombra de un drama perfecto, no sólo por razones más o menos políticas, sino como aventura eterna de los hombres ante el momento decisivo de la suerte, dispuestos a morir o matar a solas con su miedo, en la vida real o en el western fingido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de julio de 1981