El nuevo presidente ecuatoriano intenta salvaguardar la democracia
El nuevo presidente ecuatoriano, Osvaldo Hurtado, un abogado de 42 años, trata de superar la crisis política suscitada por la muerte de Jaime Roldós con un amplio pacto nacional que garantice la continuidad de su Gobierno. Al igual que ocurrió con la guerra de Perú, la desaparición del presidente elegido hace dos años parece haber contribuido de momento a superar las diferencias partidistas en favor de un proyecto unitario de defensa de la democracia.
El único cambio producido en el Gobierno ha sido la sustitución del ministro de Defensa, que falleció también en el accidente aéreo. El nuevo ministro, vicealmirante Raúl Sorroza, ha garantizado el respaldo leal y sincero de las fuerzas armadas al régimen democrático en sus primeras manifestaciones, después de tomar posesión del cargo.La fuerza aérea ecuatoriana ha iniciado una investigación sobre las causas que determinaron el accidente, pero aún antes de tener todos los datos ha rechazado la hipótesis del sabotaje. Un portavoz del grupo guerrillero colombiano M-19 ha calificado de apócrifa y absurda la llamada que adjudicó a, esta organización la autoría del siniestro. El M-19 ha recordado que Roldós incumplió los tratados internacionales sobre derecho de asilo, al entregar a sus compañeros al Ejército de Colombia, pero ha rechazado toda participación en este suceso.
En un gesto de apoyo a la naciente democracia ecuatoriana, los presidentes de Venezuela, Colombia, Panamá y Costa Rica se trasladaron ayer a Guayaquil para asistir a las honras fúnebres del fallecido presidente. El traslado de sus restos mortales, primero a, Quito y luego a su ciudad natal, Guayaquil, ha estado acompañado permanentemente por impresionantes manifestaciones de duelo, en las que miles de ecuatorianos han llorado a un presidente que en los dos últimos meses había enfrentado múltiples protestas populares.
Más allá del duelo nacional, el intento de Osvaldo Hurtado de ampliar el apoyo parlamentario de su Gobierno se va a enfrentar a serias dificultades. El nuevo presidente podrá contar probablemente con los dieciséis diputados que apoyaron al binomio Roldós-Hurtado en los últimos meses. Pero tiene enfrente a veinte diputados conservadores y a diecisiete de izquierda democrática, que siguen las directrices de Assad Bucaram, suegro de Roldós, que reiteró su apoyo a la coalición gubernamental. Conseguir nuevamente el respaldo de Bucaram va a exigir importantes cambios de Gobierno y lo mismo puede decirse si Hurtado trata de aliarse con la derecha conservadora. En cualquier caso, parece que el actual Gobierno tendrá una corta vida, bien por una modificación de los acuerdos parlamentarios, bien por su caída tras sucesivas derrotas en el Congreso.


























































