Consuelo Rubio, un gran valor de la lírica española
La muerte de Consuelo Rubio, ocurrida el pasado martes en Madrid, a los 53 años de edad, nos priva a la lírica española de un muy firme valor. Discípula de Angeles Ottein, Consuelo Rubio destacó desde muy joven por dos cualidades principales: una voz de gran belleza y atractivo lírico y un talento musical fuera de lo común. Si entre nosotros el prestigio de Consuelo Rubio se afianzó después de sus recitales y actuaciones con Ataúlfo Argenta, en el extranjero se impuso a partir de 1953, año en el que nuestra compatriota consigue el Premio Internacional de Ginebra.La presentación de Consuelo Rubio en Londres, de la mano de José Iturbi, causó sensación; después, sus actuaciones se extienden por Francia, Italia, Alemania, Austria y América, en su doble condición de intérprete operística y «liederista». Canta bajo la dirección de Ansermet, Lorin, Maazel, Schuricht, Van Oterloo, Münch, Vandernot y otros maestros.
En la ópera, Consuelo Rubio protagonizó Ariadna en Naxos, de Strauss; Cosi fan tutte y Las bodas de Fígaro, de Mozart; Don Carlos, de Verdi; El castillo de Barba Azul, de Bartok; La vida breve, de Falla, todo un repertorio que alcanzaba las escuelas francesa, alemana, italiana y española. Notables fueron sus versiones de La condenación de Fausto, de Berlioz.
En los últimos años, la cantante había dado paso a la maestra. Muchas discípulas salieron de su clase privada y luego de la cátedra que desempeñaba en la Escuela Superior de Canto.


























































