El golpe de Estado

El general Armada fue secretario de la Casa del Rey

El general de división Alfonso Armada, marqués de Santa Cruz de Rivadulla, segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, desde el pasado 4 de febrero, nació en 1920 y es diplomado de Estado Mayor. El general Armada Comyn ha permanecido veintiséis años -desde 1954- vinculado a don Juan Carlos. Fue nombrado instructor mil¡tar del príncipe Juan Carlos en 1954 y permaneció junto a él hasta ser nombrado secretario general de la Casa del Rey, el 17 de diciembre de 1976. Considerado como el cargo más importante entre los que componían el staff del Monarca, ha sido también director de la Academia de Artillería y gobernador militar de Lérida.Tras cesar como gobernador militar de Lérida, por haber sido nombrado segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Armada declaró, con motivo del viaje de Juan Carlos I al País Vasco: «La entereza de nuestro Rey ha sido admirable y ha reafirmado su personalidad y acrecentado la estima de los españoles».

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El general Armada indicó a Europa Press, el pasado 6 de febrero, que don Juan Carlos «tiene madera de gobernante y reúne las condiciones precisas para ser un gran rey».

Hombre en la sombra

Alfonso Armada Comyn ha permanecido habitualmente en la sombra y ha mantenido una notoria discreción, pese a que se le consideraba como hombre de extraordinaria influencia en la Zarzuela. De él se ha dicho que trató siempre de evitar la imagen de «hombre de derechas», condición que parecía haberse acentuado notablemente en los últimos años. Es conocido como persona de fuertes convicciones monárquicas y había alcanzado fama entre sus compañeros por su actuación como capitán en la División Azul en la segunda guerra mundial.

De origen gallego, integrista y con desahogada posición económica, el general Armada ha controlado, por su cargo en la Casa del Rey, una gran parte de los asuntos relacionados con el Monarca, hasta tal punto que le llegaba a sorprender que algunas cartas dirigidas al Rey no hubieran pasado antes por sus manos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 24 de febrero de 1981.

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