Tribuna
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ETA, mátalos ;pero a todos

Por supuesto, a los policías. desde el guardia civil que, como aquel otro, recogía lechugas en el mercado de Donosti hasta el policía armado retirado que ejercía de peluquero. De los militares nada os quiero decir; cogieron un mal endémico el 18 de julio de un año infausto que es necesario cortar de raíz. A los quintos también, pues es posible que durante la mili se les contagie algo, y también a los que hicieron el servicio militar y hoy están emboscados en algún taller del Duranguesado o hayan vuelto al caserío. Los policías municipales y los guardias de tráfico son tan culpables como los anteriores, y, si me apuráis, los serenos, que se les nota todavía en la cabeza la marca atávica del tricornio, aunque estén en la reserva.Matad también a los que trabajan en las delegaciones de la Administración central en Euskadi, desde el ordenanza del Instituto Nacional de Previsión (aquella bomba, desgraciadamente, no pilló a nadie) hasta el delegado de Transportes, porque no pone autopista para ir a Marquina y, si la pone, por hacerla con baches. De la Administración vascongada no quiero ni contaros. Títeres de Madrid. Desde el propio Garaikoetxea, que es navarro y le han dejado su tierra fuera del Estatuto, hasta el último profesor de la universidad vascongada (¡qué más quisieran ellos que la llamara vasca!), que introduce el virus españolista o reformista en nuestros jóvenes.

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De los partidos políticos de aquí no necesito daros lecciones, porque los conocéis bien; pero quizá no esté mal recordaros alguna cosilla. Los partidos políticos españoles de derecha -Alianza Popular y UCD- deberían ser erradicados, que no se les permita reposar aquí ni a sus muertos, pasados o futuros. Los socialistas y comunistas vascos son la otra cara de la misma moneda, aunque se digan obreros. Ya los oís, los primeros en vociferar cuando ejecutáis a algún taxista u obrero sindicado camuflado. El Partido Nacionalista Vasco, Euskadiko Ezkerra y todos los que les votaron son los peores. Estos juegan a caínes, se hacen pasar por hermanos para damos con la quijada de burro en cuanto nos descuidamos. Mucho gritar y mucha metralleta los del proceso de Burgos en la dictadura franquista, pero ahora a chupar del erario parlamentario en la dictadura militar juancarlista (así la llamais, ¿no?).

Aquí ha venido mucho emigrante español que trae la pandereta debajo del brazo y el flamenco en las piernas: andaluces, gallegos, de todo un poco. Estaban hartos de comer en sus tierras y los ha enviado el Gobierno para, aplastar nuestra identidad nacional. Algunos hasta les llevan a sus hijos a las ikastolas y les ponen nombres vascos para disimular. ¡Que se vayan con ellos! Y si no lo hacen, ya sabéis. Un aviso primero: «Tenéis una semana para volveros a Murcia», y, a los que se queden, duro y a la cabeza. El que avisa no es traidor.

Sobre los obreros he aprendido mucho en un cartel pegado en las paredes de la Bolsa de Bilbao (su lectura me dio doble vergüenza: lo pusieron el día anterior a la muerte de José María Ryan e iba firmado además por un comité antinuclear). Decía que Iberduero, como es un monopolio, obtiene mucho dinero de lo que nos roba y compra así a todos sus obreros, sin exclusiones, desde el ingeniero jefe hasta el último operario. Cuando me vengan a leer el contador de la luz, no os preocupéis, sabré hacer lo mío. Cuchillada al hígado y un lacayo menos. También habría que dar un escarmiento a los operarios de la Firestone, la Westinghouse, Dunlop, Renault, General Eléctrica y todas las multinacionales que, con lo que roban en el Tercer Mundo, pagan unos salarios de príncipes a sus operarios vascos.

Revolución cultural

Pienso que nuestro país necesitaría también una buena revolución cultural, sin persuasión, ni juicios, ni perdones. Un consejo revolucionario que pusiera en la picota desde Chillida hasta la Academia de la Lengua Vasca, la Sociedad de Estudios Vascos y la de Amigos del País, que están a partir un piñón con el heredero de Franco y tomaron canapés juntos cuando vino a visitamos. A los periodistas alguna vez les habéis dado un tiento, pero yo creo que necesitan más. «Trabajadores de Prensa, radio y televisión, todos al paredón», esa debe ser la consigna.

Llegado a este punto he hecho un pequeño balance y me salen más víctimas que habitantes tiene Euskadi; pero no importa. Para que cuadre el debe y el haber podríais ir a buscar más personal a Burgos. Allí les tiran piedras a los seguidores del Athlétic cuando regresan de Madrid y allí se gestó la cruzada, y, además, ya se sabe, el campesinado es la base social del fascismo. Todos los burgaleses son fachas. Se puede uno subir con un bazooka a la estatua del Cid y disparar contra todo lo que se mueva. Si no cuadran todavía las cuentas, siempre se puede ir a Madrid, donde está la causa de todos los males, o a Francia, por eso de la cooperación de policías.

Hago votos para que matéis a todos, a todo el mundo, porque aunque haya alguno que quizá no haya hecho o no haga nada contra Euskalherría, sin duda tuvo alguna vez un pensamiento diferente del vuestro para alcanzar esa Euskadi socialista, euslkaldun e independiente que proponéis. O para evitar que lo tenga.

Carmelo Garitaonaindía, ex militante de ETA, fue condenado en consejo de guerra en 1971 a cincuenta años de prisión, de los que sólo cumplió seis, al amparo de la amnistía de 1977. Durante su reclusión realizó los estudios de Ciencias Políticas y Derecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de febrero de 1981.

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