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Habla Calvo Sotelo

La primera declaración pública del vicepresidente económico, Calvo Sotelo, en el programa «Hora 25», de la Cadena SER, ha sorprendido a la opinión pública por tres razones: una, sustantiva; otra, adjetiva, y una última, circunstancial. Lo sustantivo ha sido el realismo no catastrofista de su mensaje, frente a las todavía recientes intervenciones confusas, reiterativas, amenazantes o reveladoras de la incapacidad de acción a que nos tenían acostumbrados los miembros del anterior equipo económico. Calvo Sotelo empleó un tono no crispado, un lenguaje perfectamente inteligible por todos y una humildad, por lo menos aparente, que consiguió acercar a la audiencia y hacer olvidar viejos planteamientos doctrinales que daban a los anteriores responsables económicos del Gobierno un halo desfavorable de pretender estar en posesión de la verdad absoluta y de justificar su inacción en base a la aplicación de la duda metódica o de la colaboración imprescindible del tiempo y de los acontecimientos exteriores en la solución de los problemas.No hay soluciones inmediatas para el paro, pero sí en un tiempo razonable»; «no hay milagros en economía; siempre hay detrás un pueblo tenaz y laborioso y una situación internacional floreciente»; «debe invertir la empresa privada, pero necesita condiciones que ahora no se dan, o no se dan en cuantía suficiente»; «la empresa privada necesita tener beneficios, porque los beneficios de hoy son los puestos de trabajo de mañana»; «la confianza está, al menos parcialmente, rota»; «el Estado ha gastado mal, no ha ahorrado y no ha invertido»; «el Gobierno tiene que empezar por dar ejemplo de buena administración»; «los objetivos económicos ahora no difieren de los anteriores, pero no son sólo retoques técnicos»; «no hay cambios de criterios ni de rumbo político; hay cohesión nueva, voluntad nueva de hacer efectivamente las cosas, voluntad de cumplir»; «la mayor parte del éxito de una política económica pasa por las manos de empresarios y trabajadores»; «hay razones poderosas en estos momentos para aplazar la ilusión, pero hay razones más poderosas para mantener la esperanza».

Todos estos mensajes de Calvo Sotelo, «tomados al oído», suenan a un nuevo estilo de entender la dirección y la coordinación de la política económica, lejos del dogmatismo y la inestabilidad emocional de un Fuentes Quintana y más lejos aún del protagonismo absoluto y el caos operativo de Abril Martorell, sin que esto quiera decir que un estilo es mejor que otro o que las circunstancias no justificaban una u otra actitud. La música del nuevo vicepresidente económico es más armónica y pegadiza que la que ha sonado en los últimos tres años y la letra más inteligible por todos. Sus próximas intervenciones darán medida más exacta de su talla política, económica y humana para la alta responsabilidad que ha asumido con el nuevo cargo.

3 de octubre

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