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Crítica:TEATRO

Importación superflua

Una comedia de personaje «simpático»: Bernard Slade la escribió para Jack Lemon, y Arteche la ha adaptado para Arturo Fernández. Un personaje superficial, bromista, apayasado, que parece inútil, pero que cumple en la vida una función, la de dar a los demás lo mejor de sí mismo y facilitarles una visión optimista y lúdica de la vida.La oposición dramática la encuentra en el personaje de su hijo, víctima del famoso trauma del divorcio de los padres, que en este caso se muestra a la inversa del tópico: rehúye la broma y la superficialidad, y no se interesa más que por el estudio. De lo cual, lógicamente (la lógica del revés), su padre trata de apartarle, por lo menos provisionalmente. Si se añade que el protagonista está en trance de muerte y los demás empiezan, por tanto, a advertir su verdadero valor, se tendrá el toque sentimental para acompañar el humor.

Homenaje,

de Bernard Slade, versión de José Luis Arteche . Intérpretes: Guillermo Hidalgo, Rosario García Ortega, Arturo Fernández, Ana Marzoa, Paula Martel, Juan Calot, Carmen Carrión. Dirección de Arturo Fernández.Estreno, teatro de la Comedia, 25 de septiembre de 1980.

El autor ha abandonado toda clase de precauciones en el uso de las normas -arbitrarias y salidas de personajes, escenas cuya preparación se ve a distancia, etcétera- o, por lo menos así sucede en la versión española.

Lo ha confiado todo al diálogo y a la actuación: Arturo Fernández y la compañía que dirige lo llevan con la fluidez y la campechanía de siempre, a una considerable velocidad, lo que no impide que la obra se alargue demasiado para lo que es el uso en el teatro español.

Todos se empeñan en desarrollar la simpatía obligada, y el público se ríe y aplaude. No parece una importación muy necesaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 1980

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