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Gran Bretaña podría oponerse al incremento de un 5% en los precios agrarios de la CEE

La comisión de la Comunidad Económica Europea (CEE) propondrá en su próxima reunión un incremento de los precios agrícolas de un 5 % (casi el doble de lo inicialmente previsto por los expertos comunitarios), pero todo hace prever que cualquier decisión al respecto será nuevamente bloqueada por Gran Bretaña. La actitud de la primera ministra, Margaret Thatcher, dispuesta a paralizar el Mercado Común mientras no se satisfagan sus peticiones sobre la aportación británica al presupuesto comunitario, amenaza con provocar una de las más serias crisis institucionales por las que ha atravesado el Mercado Común desde su creación.El fracaso de la cumbre de Luxemburgo, en la que Francia y la República Federal de Alemania realizaron su más generosa oferta -530 millones de unidades de cuenta (unos 50.000 millones de pesetas) en lugar de los 1.700 millones de UCE que le correspondería pagar este año a Londres, pero sólo durante 1980-, ha causado una profunda decepción en la CEE. Los países pequeños temen que Francia y, fundamentalmente, la RFA, que es, al fin y al cabo, el país que termina pagando todo lo que sus colegas no pagan, opten por estudiar seriamente una reforma de la reglamentación financiera de la Comunidad abriendo una crisis de la que, según el primer ministro belga, Wilfried Martens, los más perjudicados pueden ser los «herníanos pequeños».Se agota la paciencia alemana

La paciente actitud del canciller de la República Federal de Alemania, Helmut Schmidt, que ha actuado hasta ahora como moderador en el «duelo» franco-británico, parece haber llegado a su término. Schinidt, en una breve rueda de prensa_ celebrada en Luxemburgo, recordó que la propuesta final rechazada por la señora Thatcher iba a suponer a su país un gasto adicional de 1.250 millones de marcos. Un portavoz de la RFA añadió que el tema de la aportación británica no debería volver a ser tratado en la reunión que los jefes de Gobierno de los nueve mantendrán a mediados de junio en Venecia (Italia), porque esa cumbre estaba destinada, fundamentalmente, a examinar la situación económica internacional.

Esta opinión es compartida por el presidente de Francia, Valéry Giscard d'Estaing, quien se lamentó en Luxemburgo del giro expenmentado por las cumbres. «Estas reuniones no deben convertirse en negociaciones mercantilistas. Para eso hay otros escalones en la CEE», señaló. «En Venecia no daremos otros espectáculo como el de Dublín o este de Luxemburgo. Tendrán que ser los consejos de ministros quienes vuelvan a plantear el tema británico». Giscard, afirmaban irónicamente portavoces ingleses, no quiere volver a ver a nuestra «dama de hierro».

Medios comunitarios afirmaron a EL PAÍS que la crisis podía poner en peligro el principio mismo de solidaridad financiera de la Comunidad Económica Europea, introduciendo el concepto de «justo retorno» (tanto pago, tanto me devuelven), que supondría un serio paso atrás en la construcción de una Europa unida». En buen momento han llegado ustedes a la puerta de la CEE», comentaba un portavoz oficioso del Mercado Común; «no es posible negociar seriamente con España mientras no se resuelvan aspectos institucionales importantísimos». Ciertamente, el presidente francés, presionado por la cólera de sus agricultores (que en plena campaña ignoran aún el precio de sus productos), parece poco dispuesto a añadir otro trago amargo: la adhesión de España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de mayo de 1980

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