Crisis
Al Gobierno es el último al que te llega la crisis. Cuando ya ha habido crisis económica, crisis de confianza, crisis de autoridad, crisis de casi todo, le llega el turno al Gobierno. (...)Que no se nos interprete mal. No se trata de poner todo manga por hombro, pero tampoco de cambiar sólo tres ministros con el consabido «aquí no ha pasado nada». Están pasando cosas que todo el país sabe, y debe haber energías, recursos y capacidad suficiente para ponerles remedio. ( ... )
Suárez, se esté de acuerdo o no con él, ha sido el gran timonel de la transición política. (...)
El balance de sus últimas actuaciones provoca la melancolía de lo que pudo ser y no ha sido. En lo económico, la falta de una política coherente no pone coto al paro ni a la inflación. En lo constitucional, las vacilaciones autonomistas le han valido los sucesivos fracasos en Andalucía, Euskadi y Cataluña. En la política legislativa, cada ley que arranca en las Cortes UCD supone una batalla sangrante con una oposición cuyo único derecho es el del pataleo. En la calle, la falta de sintonía con los problemas cotidianos provoca lo que se llama el pasotismo y se traduce en las urnas por el inhibicionismo y la abstención.
En ese marco, el simple relevo de tres o cuatro ministros, el simple cambio de nombres, es la afirmación de que todo va a ser igual. Y lo que hace falta es un cambio en el que a la oposición no le toque el mero papel de protestón. Suárez ya está avisado.
19 de abril


























































