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Murió Sartre, filósofo, escritor y hombre de acción

El autor de "La náusea" falleció ayer, a los 74 años

Al morir ayer Jean Paul Sartre en París estaba acompañado de Simone de Beauvoir, su compañera de toda la vida, y de su hija adoptiva, la norteafricana Arlette El Kalim. Su muerte, casi en soledad, fue un símbolo de los últimos años de su vida, que desarrolló en medio de una gran precariedad económica, aunque rodeado de familiares y amigos fieles. Dedicado siempre a la literatura y al pensamiento, el padre del existencialismo contemporáneo no dejó de escribir, a pesar de que en los últimos tiempos fue atacado por una ceguera casi total. Dejó una obra inacabada, Poder y libertad, en la que sintetizaba sus posiciones últimas, las que le llevaron al lado de los libertarios y le convirtieron en un intelectual que no renunciaba a la acción y que tenía en el compromiso una norma de vida cotidiana.

Jean Paul Sartre, 74 años el último monstruo de la inteligencia del presente siglo en Francia, murió anoche, a las veintiuna horas, en el hospital Broussais, de París, de un edema pulmonar, finalnente complicado con una crisis cardiaca. La noticia no se hizo pública hasta las once de la noche. En ese momento, las emisoras de radio y la televisión, que ya agotaban sus programas del día, suspendieron sus emisiones para anunciar el fallecimiento a los pocos franceses que aún no se habían dormido.

El filósofo, novelista, dramaturgo, ensayista y hombre de acción había sido internado en el hospital citado el día 20 del pasado mes de marzo. Sus familiares y allegados, entonces, informaron escuetamente sobre su salud, y el parte médico precisó sólo que se encontraba en una sala de reanimación y que poco a poco mejoraba.Desde hace algunos años, el autor de La náusea vivía precariamente, no veía y, paralelamente, su estado físico general se degradaba. Ello no afectó en igual medida sus facultades mentales, y coincidiendo con su ingreso en el hospital el semanario Le Nouvel Observateur publicó lo que ya pasará a la historia como su último libro: un extenso diálogo con uno de sus colaboradores, en el que revisaba las diversas etapas de su pensamiento y de su acción. (EL PAIS, que adquirió los derechos para publicación en España de esta entrevista, comienza a ofrecerla en otro lugar de este número.)

Habrá que esperar a este miércoles para calibrar el impacto de su desaparición entre sus ciudadanos y en el mundo entero. Pero desde que anoche fue anunciada la muerte, las emisoras de radio, a lo largo de la noche, ya no dejaron de homenajear al pensador que, sin duda, más ha influido en las generaciones del último medio siglo, francés.

Desde que Sartre fue internado en el hospital, hace poco menos de un mes, sus familiares manifestaron el deseo de mantenerlo al margen de toda publicidad o de la indiscreción pública o periodística. Sólo algunos amigos suyos, jóvenes de la época de las barricadas de mayo de 1968, pudieron visitarle. Este dato lo dice todo de la última etapa del filósofo de la Crítica de la razón dialéctica.

Después de la revolución estudiantil de mayo de 1968, Jean Paul Sartre abandonó básicamente su dedicación literaria, ensayística y filosófica para convertirse en un militante de base de las ideas revolucionarias libertarias que nacieron en las batallas del legendario barrio de Saint Germain des Pres, en el que él, cuarenta años antes, había hilvanado lo que se llamó la filosofía existencialista.

El hombre comprometido con todas las batallas públicas a favor del Partido Comunista vivió sus últimos años implicado en otro compromiso: el que le unió a la juventud libertaria y le ganó las críticas más acervas de los que antes habían sido sus compañeros.

El escritor galo vivía solo. Cuando fue hospitalizado pasó por el departamento de reanimación del centro sanitario, ya que experimentó una agravación en su dolencia a consecuencia de la hipertensión que sufrió entonces.

Un día después de su ingreso los médicos que le atendían -que en todo momento mantuvieron reservas sobre el estado de salud del paciente- intentaron degradar la tensión alta que le afectaba.

Ese mismo día recibió a varios de sus allegados, entre éstos su hija adoptiva, Arlette El Kaim. El 27 de marzo, según informó la agencia France Presse, que fue la primera que difundió la noticia de la muerte, Sartre fue trasladado a la sección de cardiología del hospital en el que ha fallecido. Allí se interesó por su salud, cuando se supo que se agravaba, el presidente francés, Giscard d'Estaing.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de abril de 1980