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Reportaje:

Las puertas del sureste marroquí siguen abiertas para el Frente Polisario

A principios del mes de marzo, el sur de Marruecos se convirtió en el escenario de la mayor batalla de la guerra del Sahara. Según el parte de guerra saharaui, 2.000 soldados marroquíes fueron muertos y otros tantos heridos, 137 hechos prisioneros (entre ellos, tres oficiales) y 39 blindados (algunos de fabricación surafricana) acabaron en manos del Polisario. Un enviado especial de EL PAÍS recorrió la zona durante tres días, acompañando a los guerrilleros saharauis.

El Ued Tigzert, un pequeño riachuelo seco que discurre al norte de la frontera entre el Sahara y Marruecos y al sur de la cadena, montañosa del Uarkziz, despide un fuerte olor a muerte. En posturas inverosímiles, calcinados unos y podridos otros, más de un centenar de cadáveres marroquíes aparecen tendidos a lo largo de una docena larga de kilómetros. Unos conservan todavía muecas de dolor y sorpresa, otros han sido sorprendidos cuando intentaban la huida. Los globos de los ojos de algunos, blandos y descompuestos, rebasan los párpados como relojes dalinianos.En buena parte de su recorrido, el Ued Tigzert parece una fosa común. Aquí y allí, quedan restos de material bélico. Donde no hay cadáveres ni blindados destrozados, las fundas de plástico de los obuses permiten seguir la pista de la batalla.

Entre el 1 y el 11 del mes de marzo, las montañas del Uarkziz contemplaron la mayor batalla de la guerra del Sahara. Con lo mejor de sus fuerzas, Marruecos pretendía iniciar una operación de limpieza en la que participaban efectivos de Uhud y Zelaga, agrupaciones militares de élite con las que Hassan trata de remontar sus derrotas en el desierto. Tuvo que ser grande el interés marroquí en limpiar el sur del Uarkziz. Aquí el terreno dificulta la retirada de las Fuerzas Armadas Reales (FAR): el UarkzÍz sólo tiene dos pasos accesibles y la columna marroquí tenía que marchar al sur del Ued Tigzert, cuyo cauce reseco dificulta la vuelta atrás.

El día 1 de marzo comenzaron los enfrentamientos. Con sólo dos jornadas de calma (el 7 y el 8), la batalla se prolongó hasta el día 11. En ayuda de sus compañeros en dificultades acudieron fuerzas del interior y de Zak, una importante base militar marroquí que alberga a unos 6.000 soldados y que se encuentra desde diciembre con grandes problemas de abastecimiento por culpa del hostigamiento saharaui, que desbarata convoyes y derriba helicópteros.

Un total de unos 7.000 hombres participó en el combate por parte marroquí. El Polisario, como ya es costumbre, no ha dado el total de los efectivos utilizados ni el número de saharauis caídos en combate. Después de dos días recorriendo el Uarkziz y el desolado puesto de Malibes (lugar clave del Sahara que se encuentra en manos del Polisario desde hace seis meses), pudimos hablar, cerca de Tinduf, con el capitán marroquí Mohamed El Yussi, que se encuentra prisionero del Frente Polisario desde el 10 de marzo.

El cordero de Paniurgo

Según El Yussi, fueron unos trescientos guerrilleros los que lograron acabar con sus hombres y poner en fuga al grueso de las tropas marroquíes en los enfrentamientos del día 10. Habiendo optado por la lucha en campo abierto, el Polisario no parece haber abandonado los principios de movilidad y sorpresa propios de la guerrilla. Sólo así se puede explicar que unos trescientos hombres pongan en fuga a cerca de 2.000 enemigos.Para explicar la derrota de una manera comprensible, el capitán El Yussi se ve obligado a recurrir a un viejo cuento popular marroquí: «¿No conoce usted el cuento del cordero de Paniurgo?... Algo así nos sucedió a nosotros. El sabio Paniurgo tenía que dictaminar sobre la propiedad de un rebaño de corderos sobre la que litigaban dos personas. Para ver quién era el auténtico propietario, decidió lanzar al mar a uno de los corderos para que, al volver a la costa, se dirigiera a uno de los dos hombres que, de este modo, se descubriría como auténtico propietario del rebaño.»

«Y así lo hizo Paniurgo», continúa su relato el capitán El Yussi, «pero el resto del rebaño, al ver entrar al cordero en el mar, decidió seguir a su compañero, y todos se ahogaron. Ninguno de los corderos sobrevivió y ninguno de los dos litigantes pudo quedarse con la manada... Así nos ha sucedido a nosotros: un grupo de soldados huyó y el grueso de las tropas le acompañó en la huida.»

Pero, ¿qué ha sido del feroz Ejército marroquí que estuvo presente en una batalla tan sangrienta como la de Montecassino, en la segunda guerra mundial, en los frentes de la Indochina francesa y en las luchas cuerpo a cuerpo de los altos del Golán? ¿Basta medio centenar de Land-Rover del Polisario para poner en fuga a los soldados de la columna Uhud?

«Es un problema de motivaciones: nuestros hombres no están motivados y los del Polisario, sí. Además, toda la cuestión de la columna Uhud se ha exagerado. Uhud es fruto de la improvisación. Está compuesta por hombres reclutados a toda prisa y sin ningún tipo de instrucción. Muchos de ellos no tienen ni siquiera número de matrícula en el Ejército marroquí: algunos de los prisioneros o muertos de Uhud no pueden tan siquiera, a efectos burocráticos, ser considerados soldados de las FAR.»

El coronel mayor Dlimi (el hombre más poderoso de Marruecos después del rey) fue el cerebro de la operación Uhud, una operación de caza de guerrilleros que se convirtió sólo en unas maniobras de prestigio que, trataban de contrarrestar, a nivel interno, las posibles repercusiones políticas de las victorias saharauis en el mismo sur de Marruecos. «Dlimi no sabe nada de cuestiones militares, porque nunca ha combatido. Sin embargo, sabe mucho de represión y policía, que es donde siempre ha estado. No hay que sorprenderse, pues, del fracaso de la Uhud», se lamenta el capitán El Yussi.

Los oficiales marroquíes prisioneros del Polisario suelen manifestar cierto descontento por la distancia existente entre la cumbre de las Fuerzas Armadas y los oficiales que son destinados a combatir o, mejor, a esperar al enemigo encerrados en los enclaves que los marroquíes mantienen en el Sahara. «Los altos oficiales no tienen que soportar la guerra. La represión es fuerte, pero, sin embargo, los oficiales a los que nos une una cierta confianza (y es casi imposible no alcanzar alguna intimidad cuando se convive durante meses en las guarniciones de las FAR en el Sahara) tenemos tiempo para conversar y contrastar nuestros puntos de vista. Muchos creen que estamos embarcados en una guerra que es imposible ganar. ¿Un movimiento de capitanes, dice usted? ¿Como en Portugal? ... Sí, es posible que los oficiales marroquíes estemos llamados a sublevamos como lo hicieron los capitanes portugueses ... », reconoce el capitán El Yussi.

Él coronel Dlimi, que Regó a la vecindad del poder después de haber eliminado al golpista general Ufkir y de organizar la logística de la marcha verde, tiene razones para ponerse nervioso. Las puertas del sur de Marruecos quedaron abiertas el pasado mes de octubre, cuando Mahbes cayó en manos del Polisario, que, dos meses antes, había vencido en Lebuirat. Ahora, aprovechando sus vacaciones de Semana Santa, varios miles de europeos se disponen a visitar el mercado de camellos de Gulumina. A un centenar de kilómetros, los polisarios siguen recorriendo el sur de Marruecos, cuyo desierto conocen tan bien como el de su propio país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de abril de 1980

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