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Crítica:LOS CONCIERTOS DEL REAL

Markevitch, María Coronada y la Orquesta Nacional

Desde los conciertos que dirigiera a la Orquesta Sinfónica en los años cuarenta, Igor Markevitch se entrañó en el ambiente musical madrileño. Más tarde serían las actuaciones con la Nacional (La consagración de la primavera, como cima del triunfo) y, al fin, su larga labor como director-fundador de la Orquesta de RTVE, en cuyas temporadas el nombre de Markevitch no ha dejado de estar presente. Esta vez, el director de Kiev ha vuelto al podio de la ONE con un programa muy del gusto markevitcheano: Bizet y su Arlesiana, la Fantástica, de Berlloz, y seis canciones de Moussorgsky, instrumentadas por Markevitch, que cantó espléndidamente María Coronada. La soprano extremeña lució una voz brillante y firme y una línea interpretativa tan rigurosa como correspondía al criterio del maestro e instrumentador.De la Arlesiana (cuatro fragmentos seleccionados de las dos suites) y, la Fantástica nada nuevo hay que decir, pues ya han sido escuchadas por nuestro público a Markevitch. Impuso, una vezmás, su transparente sonido orquestal y desplegó al máximo la fuerza plástico-narrativa que requiere la eclosión romántica de la sinfonía de Berlioz.

Orquesta Nacional de España

Solista: María Coronada. Director: Igor Markevitch. Obras de Bizet, Moussorgsky-Markevitch. Berlioz. Teatro Real, 1, 2 y 3 de febrero.

Todos los contrastes expresivos que contiene la partitura, desde la «espacial» escena campestre hasta la violencia del aquelarre, pasando por la decorativa amabilidad del vals, fueron evidenciados por Markevitch dentro de una concepción total de la obra, decidido primer capítulo de la sinfonía poemática y suma de innovaciones sin cuento.

El público, que recibió a Markevitch con gran fervor (aunque no tanto, lógicamente, como el que le dispensan los seguidores de la RTVE), lo despidió con ovaciones de clamor después de la luminosa traducción de Berlioz. La próxima semana, Markevitch, junto a la Misa de la coronación (que programó varias veces con los radiotelevisivos), nos ofrece su Paraíso perdido, muestra de un talento de compositor fuertemente original.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de febrero de 1980