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Maurizio Nichetti o la obsesión por la imagen en movimiento

Próximo estreno en España de su primera película: "Ratataplán"

Jacques Tati me dijo en una ocasión: «Recuerda que un buen cómico debe tener unas buenas piernas para que pueda moverse. Para mí es muy importante en el cine el movimiento.» Este es uno de los aspectos esenciales que, a juicio de Maurizio Nichetti, un italiano mezcla de Charles Chaplin, Buster Keaton y Woody Allen (como lo han calificado los críticos), caracterizan a su primer largometraje, Ratataplán estrenado en el último festival de Venecia y que va a exhibirse en las pantallas españolas la próxima semana.

Maurizlo Nichetti (Milán, 1948), que acaba de visitar España, ha desembocado en su primer largometraje, tras una larga dedicación, durante toda la época de estudiante, al espectáculo, especialmente al mimo, al teatro y a los dibujos animados. Esta formación está presente en cada momento de Ratataplán, película que, además de escribirla, la dirige y la interpreta, y que fue muy bien acogida en la última Mostra de Venecia.Movimiento e imagen son dos pilares del cine de Nichetti. «Son dos lenguajes universales y en ellos se encuentra la principal fuerza de comunicación», dice Maurizio Nichetti. «Por eso mi película tiene muy poco diálogo y por eso, ya que usted me lo pregunta, me encuentro más cerca de Buster Keaton que de Woody Allen, porque para este último la palabra, los diálogos son muy extensos e importantes. Esto no quiere decir que yo no admire a Woody Allen por la manera universal que tiene de hacer cine. Con lenguaje americano habla de los problemas de todo el mundo.»

Nichetti comenzó a estudiar mimo en el Piccolo Teatro, de Milán, ciudad en la que también se graduó en arquitectura. Desde 1971 colabora con Bruno Bozzeto, con quien ha realizado diversos documentales industriales y ha escrito tres guiones de largometrajes de dibujos animados en torno al signor Rossi. Asimismo ha interpretado dos cortometrajes cómicos y el largometraje Allegro non troppo, en el que se mezcla la técnica cinematográfica y el dibujo animado. Nichetti es además el fundador del grupo Quellidigrock, que ahora trabaja de forma autónoma.

De su dedicación a los dibujos animados ha aplicado a la película la técnica del story-board (guión como engranaje de secuencias). «La técnica de diseñar los planos de una secuencia», explica el propio Nichetti, refiriendose a la forma de poner en práctica el guión, «no tiene ningún valor gráfico ni estético cuando se refiere a un trabajo efectuado con autores de carne y hueso, sino que es sólo una huella, a la que se pueden referir tanto la puesta en escena como la fotografía y los decorados. Una huella que comporta, por ella misma, importantes indicadores del montaje y del movimiento y que permite afrontar con una cierta seguridad las secuencias que encuentran en la imagen su principal fuerza de comunicación. La utilización ideal de esta técnica», añade Nichetti, «consistirá en respe tar las secuencias diseñadas consultándolas lo menos posible y no sintiéndose unido a ellas Cuando esto se produce significa que la secuencia funciona naturalmente y que el director puede comportarse con la máxima liber tad, que, por otra parte, le es indispensable para dirigir una obra.»

Según Maurizio Nichetti, la re sonancia de la película no se debe sólo al lenguaje universal», el humor en imagen -y en movimiento que utiliza, «sino también a la condición de los contenidos: problemas de trabajo, paro y colocación de los jóvenes de hoy. Problemas que afectan a casi todos los países por igual. Buena parte de la película hace referencia a este problema. Un ingeniero que acaba de graduarse se presenta a las oposiciones para una importante multinacional. No es admitido por dibujar un árbol con imaginación, e incluso con colores. El ingeniero debe entrar a trabajar como camarero en un quiosco de Milán. Un consejero de una empresa sufre un síncope y, por error, piden un vaso de agua al bar donde trabaja el ingeniero. Este debe atravesar con el vaso toda la ciudad de Milán, tras una serie de peripecias urbanas.

Resulta que el agua reanima al consei ero y desde entonces se califica de «milagrosa», por lo que comienzan a acudir al quiosco lisiados de toda la ciudad, quienes, después de beber el agua, dan una patada a sus carritos o muletas y salen corriendo, sin ocuparse de nadie ni de dar las gracias. Por otra parte transcurre la vida privada del ingeniero, quien, cuando no trabaja en el bar, vive en una casa con un patio en el que se juntan gentes marginadas y heterogéneas. Ayudado de sus conocimientos técnicos, el ingeniero construye un robot, más alto y más guapo que él, aunque a su imagen y semejanza, y lo envía para conquistar a la muchacha a quien ama. Un cortocircuito en el robot frustrará momentáneamente sus pretensiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de enero de 1980