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Un destructor español, ametrallado en aguas del Sahara por un avión marroquí

El destructor de la Armada española Almirante Ferrándiz fue ametrallado por un Mirage de las fuerzas aéreas marroquíes el pasado jueves día 17, en aguas del Sahara, cuando la unidad acudía en auxilio de un pesquero español que había lanzado un SOS. El incidente se produjo a unas cinco millas del Sahara mauritano, actualmente bajo ocupación militar marroquí. Las autoridades españolas y marroquíes han ocultado este hecho durante los últimos cuatro días, y sólo tras la filtración de la noticia a los medios informativos se ha producido una nota oficial española, en la que se califica lo ocurrido como «no alarmante».

El incidente militar entre el destructor español y un avión marroquí se produjo cuando el Almirante Ferrándiz, que patrullaba la zona en horas de la tarde, captó la llamada de socorro de un pesquero español, en el sentido de que había sido detenido por una patrullera marroquí. Añadía el pesquero en su mensaje que les habían robado a los tripulante todas las provisiones que llevaban a bordo.El destructor puso rumbo hacia el punto donde se encontraba el pesquero y, tras cerciorarse de lo sucedido. navegó hacia la zona a la que se había dirigido la patrullera, con el propósito de localizarla y aclarar el incidente.

Antes de alcanzarla aparecen el lugar un Mirage de la fuerza aérea marroquí, el cual dio dos pasadas sobre el destructor, en las que se limitó simplemente a observar los movimientos del buque. Sin embargo, en la tercera pasada abrió fuego de ametralladora contra el barco español.

El Almirante Ferrándiz no llegó a responder a los disparos del avión marroquí, aunque el comandante del barco ordenó zafarrancho de combate; es decir, estado de máxima alerta para la tripulación.

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Ha habido explicaciones satisfactorias por parte de España y Marruecos, según el Cuartel General de la Armada

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La Comandancia General de la Zona Marítima de Canarias no ha ofrecido detalles en relación con este incidente, aunque un portavoz reconoció al corresponsal de EL PAÍS, Diego Talavera, que el destructor se encontraba el pasado jueves patrullando la zona en la que habitualmente faena la flota pesquera española. El Almirante Ferrándiz llegó al puerto de Las Palmas a últimas horas del sábado pasado. Se desconoce la identidad del pesquero en cuyo auxilio acudió al lugar de los hechos.

En relación con estos incidentes, fuentes oficiales del Ministerio español de Defensa calificaron el incidente de «delicado», pero informaron a EL PAÍS de que no era posible confirmar ni desmentir las circunstancias del mismo, y se remitieron a la nota oficial -facilitada horas después- del Cuartel General de la Armada.

Por su parte, fuentes oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores se negaron a ofrecer comentario alguno en torno al incidente, ni tampoco sobre las razones de que se hubiera mantenido en secreto este hecho durante cuatro días. Se sabe que el embajador español en Rabat se encuentra actualmente en Madrid, aunque las fuentes consultadas no relacionan directamente este hecho con el incidente citado.

Datos obtenidos por el corresponsal de EL PAÍS en Rabat, Domingo del Pino, indican que no ha habido protesta formal del Gobierno español ante el marroquí, si bien el agregado militar de España pidió explicaciones al Gobierno de Rabat. La navegación por la región en que se produjo el incidente se ha convertido en extremadamente peligrosa, dado que en Dajala ha instalado su cuartel general, desde el pasado mes de noviembre, el coronel Ahmed Dlimi, jefe de un contingente especial, que a su vez dispone de cobertura aérea.

A este respecto puede añadirse que el barco de matrícula libia Libda, detenido el día 8 de noviembre pasado también frente a Dajala, permanece aún retenido con su patrón español en la antigua Villa Cisneros, porque la empresa propietaria se niega a pagar una multa de cerca de 300.000 dólares, que consideran injusta. Recientemente, un diputado socialista español visitó Marruecos para lograr que las autoridades aceptasen el canje del patrón detenido, que lleva dos meses y medio en esas precarias condiciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 1980

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