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REACCIONES A LOS SUCESOS DEL JUEVES

El dinero que portaba Montañés correspondía al cobro de unos recibos

Las 73.000 pesetas que portaba en un macuto uno de los jóvenes abatidos a tiros por la policía, tras la manifestación del jueves, correspondían al cobro de algunas facturas de una agencia de viajes, para la que trabajaba. Se da la circunstancia de que la mayor parte de esta cantidad había sido pagada por la secretaría de Luis González Seara, ministro de Universidades. El joven portador de esta cantidad, José Luis Montañés Gil, tuvo que abandonar sus estudios por razones económicas en quinto de Sociología, y había comenzado a trabajar hace un año por necesidades familiares.

José Luis Montañés Gil era madrileño, tenía una hermana mayor, casada, y otra hermana y un hermano menores que él. La familia poseía un taller de trabajos en mármol en la calle Vital Aza, muy próxima a su domicilio, en Los Urquiza, 31. El negocio se hundió a primeros de año, y eso forzó al joven a buscar trabajo. Por esa razón este curso no está matriculado como alumno oficial, pero sí como libre, en el quinto curso de Sociología. Tras algunos meses de trabajar en un bingo, entró en la empresa Thor Servicio Express, que proporciona cobradores y repartidores de documentos a las empresas que los solicitan. Hace unos cinco meses fue asignado de forma prácticamente permanente a la sucursal de la carrera de San Jerónimo de la agencia de viajes Marsans.El jueves realizó varios servicios para Marsans. Su trabajo consistía en llevar billetes y bonos encargados por teléfono a la agencia por los clientes y en cobrar los importes correspondientes. Durante la mañana del miércoles hizo varias salidas. Por la tarde pasó por una empresa llamada Experiencias Industriales, para entregar un billete por importe de 4.796 pesetas, y después se dirigió a la secretaría del ministro de Universidades, González Seara, para entregar cuatro billetes -tres de avión y uno de tren-, por importes de 7.442, 7.647, 15.294 y 3 8.428. La suma total es de 73.607 pesetas, de las que 68.811 corresponden a la secretaría del ministro de Universidades.

Serafín Alvarez, director de la sucursal de la agencia Marsans le estuvo esperando hasta las 20.10: «Esperábamos que volviera con esa cantidad, pero no me inquietó, teníamos plena confianza en él, porque era un chico muy culto, tranquilo y amable, y ya hacía tiempo que le encargábamos cobros elevados, e incluso gestiones que en lógica no le debían corresponder. Cerré y me fui a casa tan tranquilo.»

El importe de esos cobros era la cantidad que fue encontrada en el macuto que llevaba cuando fue ingresado en el Francisco Franco. El macuto no era otra cosa que una bolsa para colgar en bandolera; era de color blanco y llevaba el nombre de la agencia, en letras rojas. Serafín Alvarez da por seguro que la cantidad iría en uno o en varios sobres con el membrete de la agencia, por lo que resulta extraño que en ningún momento se haya podido pensar que la. razón de que portara esa cantidad podría estar relacionada con actividades como agitador político. La información facilitada por RTVE en el telediario del mediodía de ayer habla indignado a sus conocidos de la agencia de viajes y de la empresa Thor, porque daba pie a estas insinuaciones. Serafín Alvarez se puso a las diez de la mañana de ayer en contacto con la Jefatura de Policía para comunicar su seguridad de que esa cantidad correspondía a los cobros efectuados por el muchacho en la víspera.

Todas las personas que le conocían -entre las que se cuentan varios empleados de este periódico, que es cliente de la citada agencia de viajes, por lo que la presencia de José Luis Montañés en el edificio de EL PAIS era frecuente- coinciden en hablar de él como un joven correcto, culto, amable, tranquilo, con ideas políticas inclinadas a la izquierda, pero nadie le conoce vinculación con grupo político alguno.

Su familia supo de la triste suerte del joven en la mañana de ayer, a primeras horas. A las once de la mañana, los padres, unos familiares próximos y un amigo íntimo del fallecido, un joven de su edad llamado Mariano Martínez, acudieron al Instituto Anatómico Forense a reconocer el cadáver, que había pasado la noche en el Francisco Franco sin ser identificado. Mariano Martinez explicó a EL PAIS que la familia se marchó después a casa de un cuñado, cuya dirección fue imposible conseguir: «La familia iba destrozada; yo mismo lo estoy, porque puedo decir que era mi amigo, mi mejor amigo, el único amigo de verdad que he tenido. Nos conocimos en la mili, que hicimos juntos hace cuatro años. Vivimos en el mismo barrio y siempre nos hemos seguido viendo mucho. Yo puedo asegurar que no estaba afiliado a ningún partido político, aunque sus ideas estaban inclinadas a la izquierda y le dolían las injusticias. Es posible que se acercara a la manifestación, porque le parecía justa, pero no me lo imagino- acorralando un coche de policías. Y esas insinuaciones de que pudiera ser un agitador me indignan.»

La familia no pudo ser localizada por EL PAIS hasta últimas horas de la tarde, cuando fue convocada una conferencia de prensa de la que se informa más abajo. Al respecto es de señalar la negativa continua del Gobierno Civil y de la Jefatura de la Policía de Madrid -hasta bien mediada la tarde de ayer- a facilitar el domicilio del joven, cuya dirección pudo ser conocida por EL PAIS a través de laboriosas gestiones. Los amigos de Montañés consultados por EL PAIS no se explicaban cómo las autoridades podían conocer el nombre del joven si, como se dijo en el Francisco Franco desde le primer momento, el macuto no portaba documentación alguna.

Familia modesta de emigrantes

Los restos del joven Emilio Martínez Menéndez, muerto por disparos de la policía en la manifestación del pasado jueves, recibirán sepultura en el cementerio de Carabanchel esta mañana. La comitiva saldrá del Instituto Anatómico Forense, situado en la calle de Santa Isabel, a las 11.45. Emilio Martínez pertenecía a una familia modesta, había abandonado los estudios de ingeniería técnica industrial el año pasado y debía incorporarse al servicio militar a primeros de año.

El padre del fallecido, Paulino Martínez, vino de Asturias a Madrid cuando su hijo tenía cuatro años -hace dieciséis- y encontró trabajo en la capital como sereno. Ultimamente hacía compatible su trabajo de vigilante nocturno con el de repartidor de periódicos del diario Ya. Su esposa trabaja en casa como modista. Ocupan un piso modesto, de su propiedad, en la calle de Tomás Bretón, 6, en una zona próxima al escenario de la manifestación en que falleció su hijo. El matrimonio tiene otra hija de quince años, que estudia.

Emilio Martínez Menéndez comenzó hace dos años la carrera de ingeniero técnico industrial, pero abandonó los estudios este curso para ponerse a trabajar en un taller de electrónica. «No le iban muy bien los estudios», explicó el padre a EL PAIS, «y como siempre, le gustó la electricidad prefirió ponerse a trabajar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de diciembre de 1979

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  • La mayor parte había sido pagada por la secretaría de González Seara