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Reportaje:

Las diferencias entre los ministros, causa principal del retraso

«Esa ley la he llevado ya dos veces al Consejo de Ministros. La tercera vez me la tienen que pedir.» La irritación del ministro es sólo uno de los indicadores de las tensiones, comprobadas, existentes en el seno del Gobierno, en torno al programa legislativo de desarrollo de la Constitución. Las diferencias entre los ministros han contribuido notablemente a que doce de los trece proyectos de ley correspondientes a los tres últimos meses del calendario fijado en junio por el propio Gabinete no hayan tenido su entrada todavía en el Congreso de los Diputados. El PSOE ha interpelado al Gobierno sobre las causas del retraso.El colapso originado por estos doce proyectos de ley -seis de ellos han sido ya formalmente aprobados por el Gobierno, pero les faltan los retoques sugeridos y el visto bueno final- presiona sobre la actividad normal de los Consejos de Ministros, en los que se acumulan los deberes atrasados con los nuevos imperativos del calendario, porque los funcionarios siguen «trabajando a tope», en expresión del secretario de Estado. Hasta finales del presente año, el calendario gubernamental prevé otros diez proyectos de ley -descontado el del Defensor del Pueblo, sustituido por la proposición de ley socialista admitada por UCD- y para los cinco primeros meses de 1980 están previstos veintitrés nueve proyectos de ley. En esta situación adquiere verosimilitud la frase humorística dicha recientemente por un ministro a un grupo de periodistas: «No os cuento cómo son los Consejos de Ministros para que no cojáis el pasaporte ... »

El diputado comunista Jordi Solé Tura ha manifestado a EL PAÍS que «más que retraso, lo que hay es un cierto caos en lo que se refiere al cumplimiento de un programa hecho para la galería». Los comunistas se muestran en todo caso más preocupados por la forma en que se está llevando a cabo el desarrollo de la Constitución que por el retraso en sí. «Con nosotros no ha habido ningún tipo de consulta y está clara la voluntad de frenar el proceso puesto en marcha por la Constitución,».

El portavoz de Coalición Democrática, Manuel Fraga, declaró, por su parte, que el retraso en el desarrollo constitucional, en la parte imputable al ejecutivo, se debe a que nos encontramos ante «un Gobierno muy mediocre, que no sabe lo que quiere. Personalmente, le creo incapaz». El señor Fraga atribuye también el retraso al modelo de Constitución elaborado -a pesar de sus advertencias-, demasiado largo y prolijo, que obliga a plantear, para su desarrollo, muchos problemas a la vez, con lo que «la gente se aburre ». Por último, culpa al Congreso de los Diputados de la lentitud legislativa: «Este Parlamento es el que menos trabaja de Europa.»

En defensa del planteamiento gubernamental del desarrollo constitucional, el secretario de Estado, Juan Antonio Ortega, aseguró que, gracias al calendario, se ha hecho «el triple» de lo que se hubiera realizado sin él. El ministro de la Presidencia, José Pedro Pérez Llorca, ha recordado los estatutos de autonomía negociados y la ley del Tribunal Constitucional, que a Italia y Alemania costó varios años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de noviembre de 1979