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Cartas al director

Perplejidad democrática

Cualquier ciudadano normal, medianamente preocupado por el desarrollo político del país se quedaría perplejo ante lo ocurrido el pasado día 3 en el Congreso, de los Diputados. Cualquier observador de aquí o de fuera tendrá que sentirse, por fuerza, asombrado ante algunas situaciones, actuaciones y espectáculos de la vida política española.La noticia esta vez, que recoge EL PAIS en su edición del día 4, es la siguiente. la Comisión de Defensa del Congreso rechaza, por los votos en contra de UCD y CD, una propuesta socialista sobre la presidencia del retrato del Rey en las dependencias militares. ¡A estas alturas! Evidentemente, si ya existen decisiones ministeriales anteriores que se pronuncian al respecto, la izquierda se desfasa. Pero la derecha se pasa por ver en tal proposición «una provocación y un trágala» y el centro no se entera de que, al parecer, no se estaba cumpliendo lo ordenado.

Un día, el pueblo llano, la inmensa mayoría que cantara Blas de Otero, nos pronunciamos a favor de un sistelna democrático. No podíamos pensar entonces que el Parlamento iba a servir para crear problemas en vez de dar soluciones, de.modo que cuando contemplamos hechos como éste, cuando observamos cómo los partidos grandes del país organizan espectáculos dialécticos con alusiones históricas a cierto general y su caballo, que no hacen más que inducir a la rebelión social (como muy bien apuntaba un reciente editorial de EL PAIS); cuando observamos cómo se celebran plenos del Congreso con el foro semivacío, o cuando leemos en los periódicos que algunos ministros españoles pasan dos meses sin ver al presidente del Gobierno, sólo cabe preguntarse: ¿A qué juegan nuestros políticos? ¿O será que España va a seguir siendo diferente?

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