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LAS VENTAS: SEGUNDA DE FERIA

El público, defraudado con la corrida que no era

Fue la corrida que no era. Es decir, que la empresa había anunciado una y se dio otra. Ni Robles, ni Domínguez, ni Solórzano quisieron torear en Madrid, porque en el reconocimiento habían cambiado las reses anunciadas. De manera que en lugar de los astros exigentes, millonarios, cargados de contratos (más bien las ganas), Robles Domínguez y Solórzano, actuaron Gabriel de la Casa -que ya está anunciado para mañana-; Manili y Chacón, que están anunciados para hoy. Si alguien trataba de defraudar al público, lo bordó.Y nos hacíamos un lío. Se trataba de la corrida que no era, pero sí era la que es hoy, en caso de que no la cambien por la de mañana, y así. Con Canorea pueden pasar muchas cosas y, entre otras, ésta. Naturalmente, Canorea, empresario de Las Ventas, dirá qué culpa tiene de que los toreros anunciados se caigan del cartel. Pero ni Canorea ni ningún otro empresario puede desentenderse de sus obligaciones con el público, ante quien es el único responsable. El público no paga a los toreros, ni al ganadero, ni a los acomodadores, sino al empresario. Este distribuye y se queda con su parte (escasa o fabulosa).

Plaza de Las Ventas

Segunda corrida de la feria de otoño. Toros de Fermín Bohórquez (primero y tercero), Bohórquez Domeca (quinto) y Díaz Mahou (el resto), con trapío, varios sospechosos de pitones, mansos y dificiles. Gabriel de la Casa: Bajonazo (silencio). Pinchazo y estocada (silencio). Manili: Bajonazo (vuelta protestada), pinchazo, estocada y descabello (silencio). Antonio Chacón: Pinchazo y otro hondo (silencio). Tres pinchazos, aviso, dos pinchazos más y descabello (silencio).

Esa es cuestión suya, en la que el espectador no puede intervenir y sólo exige el cumplimiento de lo anunciado.

Supongamos que sí, que en estricta legalidad los espadas pueden negarse a torear por un cambio de ganaderías, pues se especificó en contrato. En tal caso quisiéramos saber dónde se visa ese contrato, quién arbitra su cumplimiento, qué garantías se reservan al público para que el documento no pueda interferir el buen fin de cuanto consta en el cartel. Y además, si esa cláusula existe, cuál fue la razón verdadera para que las reses anunciadas no pudieran saltar a la arena. Escudarse en la decisión de los veterinarios durante el reconocimiento no basta y es capcioso. Supongamos, como caso extremo, que el empresario compra una chotada, afeitada e inútil. ¿Podría trasladar su responsabilidad a los veterinarios, arguyendo que éstos son quienes rechazan esos toros indiscutiblemente antirreglamentarios?

La fiesta de toros languidece no porque sea marginal a la época o estén en proceso de cambio los gustos de las gentes, sino porque, estructurada sin tino, en buena parte la controlan improvisadores, irresponsables e incompetentes. Y aun habríamos de decir, para matizar, que la fuerza y la raigambre del espectáculo son de tal magnitud que subsiste a pesar de todos los atentados que sufre a diario y desde dentro, a causa de la estulticia de algunos de sus más influyentes personajes,

En fin, que Robles, Domínguez, Solórzano, ni tantos millones ni tantos contratos, acaso ganas de tenerlos, se pusieron a jugar a figuras y desertaron. En su lugar, Gabriel de la Casa, Manili, Chacón, en mayor medida estos dos últimos, les dieron una lección de pundonor, pecharon con la mansada peligrosa que salía por los chiqueros, y no sólo eso, sino que se arrimaron de firme y apuraron hasta la última posibilidad de torear, que fue muy escasa.

Sin apenas público en los tendidos, porque el frío intensísimo que hacía en la plaza produjo que muchísimos espectadores aprovecharan la circunstancia de los cambios para que les devolvieran en taquilla el importe de sus localidades. La consecuencia fue que estábamos en familia; muerta del río, pero en familia. Y con la afición de siempre, la que no se pierde una corrida, ni se calla, puesta de uñas con las transgresiones reglamentarias de bulto que se iban apreciando durante la lidia. Entre otras.

Una, se lidiaron toros de tres hierros. Dos, parte de los caballos de picar eran inútiles para esa función. Tres, se iniciaba la suerte de varas en las cercanías de toriles. A mayor abundamiento: como la presidencia demora sin motivo la orden de salida a los picadores, ha lugar el numerito de llevar al toro frente al burladero del siete, donde se resabia o se desgracia. Y más cosas de las que hablaremos. La principal, tanta sospecha -ayer, como casi todos los días- que se hace evidencia: el afeitado sigue, ahora a caño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de septiembre de 1979