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San Sebastián recobra la calma tras la tensión vivida durante los últimos días

Las circunstancias poco claras en que resultó herido en la noche del lunes el joven de dieciséis años Elisardo Calo mantuvieron ayer la tensión de días pasados entre la población guipuzcoana. Sin embargo, en la capital y provincia la normalidad era casi absoluta en los sectores laboral y de servicios.

La capital ofrecía ayer un aspecto de un día cualquiera de actividad. Funcionaban los servicios y la totalidad de comercios y establecimientos públicos. Sin embargo, los cascotes, los restos de barricadas, coches carbonizados y los cristales rotos de algunas oficinas mostraban a las claras la virulencia, en algunos casos espectacular, de los incidentes registrados en la noche del lunes al término de la manifestación celebrada tras el funeral de Iñaki Quijera.El de ayer podría ser un día cualquiera del año en San Sebastián, si la gravedad del estado del joven de dieciséis años Elisardo Calo -herido en los incidentes del lunes, al parecer, por una ráfaga efectuada por la Guardia Civil- no hubiera mantenido durante toda la jornada la tensión entre la población donostiarra.

La noticia se había hecho pública pasadas las once de la noche del lunes a través de las emisoras de radio. Había interés, ayer por la mañana, por conocer las circunstancias todavía hoy poco claras en las que el joven fue herido de gravedad. Por ello el pueblo de San Sebastián, que se había visto privado el lunes de sus periódicos, hizo cola ayer ante los quioscos para adquirir cualquier prensa que informara de los hechos del sábado y lunes. No salieron a la venta ayer los diarios locales y regionales, por lo que todos los periódicos a la venta -la mayor parte de Madrid se agotaron a mediodía.

Los sucesos de la noche del lunes

EL PAÍS trató desde primeras horas de la mañana de ayer de lograr una versión de los hechos en los que resultó herido Elisardo Calo. En la zona donde el joven fue alcanzado por un disparo de fuego real había pocos testigos que conocieran detalles objetivos del suceso. El mismo se produjo hacia las nueve y media de la noche en el barrio de Herrera, justamente debajo del puente de entrada a la variante.A esa hora no había en el lugar ningún enfrentamiento serio, aunque sí estaba presente la Policía Nacional, que, al parecer, trataba de retirar una barricada. A esa misma hora, también muy cerca del lugar donde cayó herido Elisardo Calo -según afirman los escasos testigos que se conocen-, la dotación de un Seat 124 de la Guardia Civil de Tráfico intentaba retirar una barricada situada en la carretera de salida de la variante, bajo el puente citado. Los testimonios recogidos afirman que los guardias civiles bajaron del vehículo, siendo insultados por algunos jóvenes que, al parecer, les lanzaron piedras. Siempre según testimonios, uno de ellos disparó varias ráfagas de metralleta (en uno de los pilares del puente de entrada a la variante podían verse ayer varios impactos de bala), dispersándose en todos los sentidos.

Veinte minutos más tarde se descubriría el cuerpo de Elisardo Calo. Al parecer, una chica dio el aviso a la policía, que en un coche «camuflado» lo transportó a la residencia sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu, donde ingresó pasadas las diez de la noche. Su estado era gravísimo, había perdido mucha sangre y sufría síntomas de anemia.

En fuentes de toda solvencia, próximas al Gobierno Civil, EL PAÍS pudo saber que el relevo de la Policía Nacional por la Guardia Civil se produjo aproximadamente a las nueve y media de la noche, hora en la que, al parecer, fue herido Elisardo Calo. Podrían, tal parece, haber estado presentes en aquel lugar, tal y como señalan algunos testigos, efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil. A pesar de que esas mismas fuentes señalan que a la hora de producirse el hecho se había retirado del lugar la Policía Nacional, sin embargo, el propio Elisardo Calo dijo a un médico y a una enfermera que le atendieron en la residencia (testimonio que fue transmitido a sus padres) que «iba a casa de mi amigo Cherna. Al ver a la policía en la Herrera, eché a correr y entonces fui alcanzado. Corrí hasta caer al suelo».

El hecho de que Elisardo Calo fuera herido en un costado cuando trataba de alejarse de la presencia de la Policía Nacional -que quedaba a su espalda-, hace verosímil la versión de que fue uno de los ,disparos de la Guardia Civil -situada a su derecha en la salida de la variante- el que le alcanzó.

La camisa, la cazadora y el carné de identidad del herido fueron encontrados ayer a mediodía en el lugar de los hechos por fotógrafos de prensa.

Nota oficial del Gobierno Civil

Muchas lagunas quedan por llenar en el relato, y poca luz puede arrojar sobre el tema la nota oficial hecha pública ayer por el Gobierno Civil de Guipúzcoa en torno a los acontecimientos acaecidos el sábado y lunes en San Sebastián.En el escrito se resumen de forma poco clara y escasamente convincente -no se cita quién disparó sobre Iñaki Quijera y Elisardo Calo- ni otros detalles de importancialos citados sucesos. Al referirse a las manifestaciones del sábado y lunes, el Gobierno Civil dice textualmente: «Se crea la tensión de una manifestación que no reunía los requisitos de legalidad que determina el ordenamiento jurídico vigente, manifestación que revistió unos caracteres de violencia poco comunes y tremendamente acentuada. En el transcurso de la misma, en un incidente resultó mortalmente herido Iñaki Quijera Cederain, abriéndose inmediatamente una investigación para determinar y esclarecer los hechos y trasladarlos al juez competente a fin de que por dicha autoridad judicial se determinen las responsabilidades a que hubiere lugar.»

«En el día de ayer», se refiere la nota al lunes, «y con ocasión del entierro y posterior funeral de Iñaki Quijera, se inició una nueva manifestación que contaba con múltiples garantías de grupos políticos e instituciones de que habría de desenvolverse pacíficamente. Las fuerzas se seguridad del Estado mantuvieron la paz y el orden ciudadanos, dando muestra de extraordinaria prudencia y disciplina. A pesar de todo ello la violencia se desencadenó en algunas zonas de la ciudad y sus alrededores y se produjeron actos vandálicos. Fue preciso practicar algunas detenciones.»

«Desde las primeras horas de la tarde», continúa el comunicado, «y en las inmediaciones de Herrera se venía intentando repetidas veces el corte de la autopista y de la vía férrea. Para restablecer dichos servicios públicos se enviaron al lugar las fuerzas de Policía Nacional, que fueron duramente hostigadas e incluso ametralladas por personas sin identificar. Ya a últimas horas de la tarde la Guardia Civil proce de al relevo de la Policía Nacional, con la finalidad de mantener expeditas la autopista y la vía férrea. A las 21,50 horas se requiere el auxilio de uno de los vehículos de la Policía Nacional que regresaba a su base, por una señorita, para asistir a quien resultó ser Elisardo Calo, que presentaba una herida de bala. Imediatamente de tener conocimiento de los hechos se ordenó la apertura de una investigación, a fin de determinarlos plenamente y pasar la actuación al juez correspondiente».

El gobernador no quiere hacer declaraciones

EL PAÍS logró ponerse en contacto ayer por la mañana con el gobernador civil de Guipúzcoa, Joaquín Argote. El mismo eludió responder de forma oficial a las preguntas, afirmando que unas declaraciones suyas no ayudarían a esclarecer los hechos, quizá no iban a ser creídas y podían incluso crear confusión sobre los sucesos.Sin embargo, han podido conocerse algunos detalles en torno a las investigaciones de fuentes cercanas al Gobierno Civil. El mismo sábado, a las nueva y media, se inició la investigación oficial sobre la muerte de Iñaki Quijera, investigación que concluyó ayer con la entrega al juez de los resultados de la misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de septiembre de 1979

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