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Huelga generalizada y violentos enfrentamientos en el País Vasco con motivo de los incidentes en el País Vasco

La Policía Nacional disolvió anoche en San Sebastián una manifestación de unas 10.000 personas formada al término del funeral celebrado por Ignacio Quijeras. Durante los incidentes posteriores a la carga policial resultó herido de bala un joven de dieciséis años, Lisardo Cano, quien a primera hora de esta madrugada se encontraba muy grave tras una intervención quirúrgica de tres horas de duración. El presidente del Consejo General Vasco ha dirigido un telegrama al jefe del Gobierno, en el que censura duramente la actuación policial, mientras que la convocatoria de huelga fue seguida masivamente en Guipúzcoa y obtuvo desigual respuesta en las demás provincias vascas.Cuarenta y ocho horas después de que el joven Ignacio Quijera fuera muerto por disparos de un policía nacional en el curso de los incidentes habidos en San Sebastián, al ser dispersada una manifestación en apoyo de los refugiados vascos, no se ha hecho pública todavía una versión oficial sobre los hechos.

La única respuesta oficial a los trágicos hechos del sábado puede encontrarse en el arresto del policía que causó la muerte del joven. Parece que el citado policía permanece incomunicado en el cuartel de la Policía Nacional de San Sebastián y que se instruyen diligencias,

Los intentos de fuerzas políticas, autoridades municipales y provinciales, e incluso de los informadores, para que el gobernador civil de Guipúzcoa hiciera pública una versión de los hechos resultó infructuosa en la jornada de ayer, EL PAIS trató sin éxito de entablar una conversación con el gobernador, señor Argote: «El señor gobernador no tiene nada que informarle», fue la respuesta recibida.

La convocatoria de un paro de veinticuatro horas, propugnada por las fuerzas de izquierda abertzales LKI, PTE, MC-OIC, y en última instancia del PNV de Guipúzcoa, obtuvo una respuesta total en la capital y provincia. Incluso varias gasolineras fueron cerradas al público. Unicamente algunas tiendas de alimentación permanecieron abiertas hasta el mediodía. La capital, San Sebastián, aparecía desierta; los autobuses y los taxis no funcionaban y contados coches circulaban por sus calles vacías. Los escasos transeúntes observaban el continuo ir y venir de las FOP, en un impresionante dispositivo de seguridad. Las calles céntricas y los accesos a los barrios de la capital ofrecían un aspecto desolador, cortados por todas partes con barricadas.

Fracasaron los intentos de los partidos para impedir la actuación de la fuerza publica

A lo largo de la mañana se llevó a cabo una intensa actividad por parte de los partidos políticos para tratar de convencer al gobernador civil de la provincia de que las FOP no debían intervenir ni durante el funeral en memoria de Iñaki Quijera ni en la manifestación que previsiblemente podría celebrarse después. Una comisión integrada por corporativos municipales adscritos a Euskadiko Ezkerra, PSOE, Coordinadora Independiente (UCD) y PNV -con el alcalde de San Sebastián, Jesús María Alkaín, al frente- se entrevistó por espacio de varias horas con el gobernador civil de Guipúzcoa.Al término de la entrevista, el alcalde donostiarra anunciaba, a través de un comunicado emitido repetidamente por radio, que la primera autoridad gubernativa se comprometía a que las FOP no intervinieran ni antes ni después del funeral de Iñaki Quijera «en tanto no se produjeran. graves perturbaciones del orden».

Sin embargo, esta promesa no fue del todo cumplida. Una manifestación de un millar de personas, que al término del entierro de Iñaki Quijera se dirigía hacia el Ayuntamiento, donde se celebraba una asamblea informativa convocada por los concejales de Herri Batasuna -las demás fuerzas políticas no asistieron-, fue disuelta en la plaza de Guipúzcoa.

El entierro de Iñaki Quijera se llevó a cabo con normalidad, a partir de las 4.45 de la tarde, en el cementerio donostiarra de Polloe. Asistieron al acto fúnebre padres, hermanos, familiares de la víctima y alrededor de 2.000 personas.

Entierro y manifestación

Con un rosario se inició, a las siete y cuarto de la tarde, el funeral en memoria de Iñaki Quijera. El acto se celebró en la iglesia de San Sebastián Mártir, en el barrio del Antiguo, que se encontraba abarrotado de un público que llenó también las calles que rodean al templo. Asistieron al funeral el padre y algunos familiares de la víctima. Ofició, en bilingüe, un coadjutor de la parroquia, quien en su homilía se refirió al valor y la dignidad de la persona humana.

«Ningún hombre tiene derecho jamás», afirmó el celebrante, «sobre la vida de otro hombre. Por ello, nuestra conciencia debe condenar categóricamente la muerte de Iñaki, debe decir un no rotundo a todo hecho en el que al hombre le viene la muerte de otro hombre. La condena de este hecho debe ser clara para todo hombre y todo cristiano. Ningún motivo, ninguna finalidad, sea legítima o ilegítima, justifica jamás la muerte del hombre por el hombre. »

Tras el responso, la familia y algunos amigos de la víctima abandonaron el templo, mientras los asistentes al funeral, en un número cercano a los 10.000, realizaron una manifestación por las principales calles del centro de San Sebastián.

En cabeza, dos jóvenes sostenían una ikurriña con crespón negro. Los manifestantes, en su recorrido, repitieron insistentemente gritos de «Policía asesina» y «ETA mátalos», y otros de apoyo a ETA y solidaridad con los refugiados vascos de Euskadi norte. Al final de la avenida de Legazpia, un cordón de policías les cortó el paso. Un miembro de la organización se entrevistó con el oficial de la fuerza, que negó -aduciendo órdenes gubernativas- permiso para que continuaran la marcha.

A partir de ese momento los saltos, las carreras y los cruces de barricadas sobre las calles se reprodujeron en varios puntos de la ciudad.

En uno de esos incidentes, registrado en el barrio de Herrera, un joven, Lisardo Cano, de dieciséis años, fue alcanzado en el vientre por un disparo de arma de fuego. Recogido por una chica que pasó por el lugar del suceso, ésta última avisó a la policía, y dos inspectores trasladaron al herido a la residencia sanitaria de Aránzazú. Tras una intervención quirúrgica de tres horas de duración, el parte médico indica que el pronóstico es muy grave. El lugar donde fue herido el muchacho -se ignora la identidad del agresor- no era escenario de incidentes, aunque en sus proximidades la Policía Nacional actuaba contra personas que habían formado una barricada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de septiembre de 1979

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