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Reportaje:La universidad española / 2

PNN y alumnos, una difícil amistad

El sonado cierre de la Universidad de Valladolid en 1976 y los conflictos que se sucedieron «por una universidad democrática» marcan el principio del Fin en la unidad de metas que animó durante algún tiempo la lucha de profesores no numerarios (PNN) y estudiantes. A partir de este momento, la unidad decrece y se abre un período de distanciamiento y falta de confluencia entre los intereses de ambos sectores universitarios. Sobre todo ello informa Lola Galán en este segundo capítulo sobre la universidad española.

Para encontrar los viejos símbolos, los carteles del Che y las obras de Gramsci en alguna esquina de la mesa hay que seguir los pasos de muchos PNN que fueron estudiantes combativos y, empiezan a perder hoy, un poco perplejos y aturdidos, el contacto con las generaciones más jóvenes. «Supongo que han influido muchas cosas. Los cambios en la enseñanza primaria y media, el que estos chicos han estudiado ya con plastilina y no como nosotros, con el duro pizarrín, y luego que en gran medida la Universidad se ha descentralizado y en Madrid no hay prácticamente más que estudiantes madrileños y se ha perdido aquella cosa estupenda que era el contacto con gente de otras zonas. La uniformidad es mucho mayor. Entonces me enfrento a alumnos que me parecen excesivamente sumisos. Por eso he adoptado otro sistema. Mis clases no son clases, son patadas, algo que obliga a reaccionar a los alumnos.» Paco Alburquerque, delegado de Económicas el curso 1966-67, perseguido y encarcelado cuando hablaba no ya de una sociedad marxista, sino simplemente decente, busca aquella combatividad en los alumnos de hoy, serios, distantes en su clase de estructura económica mundial. «Y les veo como pacientes que van al psiquiatra. Especialmente los alumnos de la mañana; sólo luchan por la subida de tasas o contra la selectividad, y en este contexto los PNN mantienen un nivel de crítica bastante mayor, pero somos islotes en un mar inmenso.»

"Mis alumnos me tienen alucinada"

Y algo de esto piensa también Maruja Sánchez, que da clases en segundo de Empresariales, en la Complutense, afanosa luchadora desde aquellos tiempos, hoy encuadrada en CCOO. «Me tienen alucinada mis alumnos, porque se sientan delante de mí y copian cualquier cosa, aunque sea una tontería que les digo a propósito, para que reaccionen. Todo con la misma indiferencia. Por eso procuro provocarles, aunque no siempre con éxito. Mientras tanto, yo observo en medio de esta indiferencia cómo aumenta la gente de Fuerza Nueva en lo que hasta ahora era un feudo de la izquierda. »No ha vuelto a producirse una unidad de criterios de lucha entre los profesores jóvenes y los alumnos. «Si es que hay que ver cómo son; han sido casi compañeros de clase y al curso siguiente, que van de profesores, ya te hablan de usted en plan de superioridad, y al final son más autoritarios que los de siempre», se queja Perico Romón, que ha sido varias veces testigo de este proceso, que también se da inevitablemente. «Creo que después de los follones que motivaron el cierre de la Universidad de Valladolid, en el 76, y la huelga que mantuvieron más de 10.000 PNN no ha vuelto a haber auténtica unidad entre alumnos y profesores. Esto fue lo último, junto con las luchas tremendas del curso siguiente que se mantuvieron en la facultad de Medicina contra la selectividad. Después la escisión se ha ido haciendo más profunda. »

La distancia física que hace desconocidos los problemas de una facultad a otra y entre los propios estudiantes, es ya una barrera casi infranqueable entre alumnos y profesores, una relación marcada con demasiada frecuencia por un autoritarismo tradicional. «Los profesores de izquierda tienden a abandonar el manual e intentan salirse de la docencia tradicional», comenta José María Ordóñez. «Como nada ha cambiado y no pueden hacerlo, o se marginan y dejan de venir a clase, o, de lo contrario, están en permanente situación de ambigüedad. La huida del profesorado es bastante importante en esta facultad. Ahora mismo me acuerdo de gente como Alfonso Orti y Antonio Gimeno, que han terminado por marcharse, entre otros muchos. »

Y, sin embargo, la incomprensión es tan profunda como mutua. «A medida que avanzan los cursos se produce un sentimiento mayor de confusión e inutilidad de su trabajo teórico. El vínculo profesor-alumno se reduce a causa de esto a una relación autoritaria, porque ese conocimiento adquirido no les sirve a los alumnos ni para resolver los problemas de relaciones personales ni los problemas de trabajo. En quinto curso de Políticas asumir la tarea de aprobar o suspender a los alumnos llega a ser prácticamente imposible.»

En una encuesta realizada por grupos mixtos de trabajo sobre la facultad de Políticas de la Complutense entre alumnos de la mañana de los tres primeros cursos, ninguna de las respuestas señalaba como alto el nivel de aceptación de la facultad y, en concreto, un 54% de los alumnos no la encontraban nada aceptable, a los que habría que sumar el 34% que la encontraban poco aceptable. Las razones que daban para ello eran, por orden de importancia: la falta de calidad de la enseñanza e investigación, la relación estudiante-profesor, y la formación pedagógico-académica y dedicación del profesorado.

Como colofón al informe, los alumnos, que resultaban ser en su inmensa mayoría de extracción social media-alta y media-media, dedicaban elogios o críticas a sus profesores a través del tradicional sistema de puntuación, donde no eran escasos algunos irónicos 0, 5, ó 0,7.

Y es Políticas precisamente una de las facultades que más ha sentido ese vacío de objetivos y donde la gente se da más al porro, incluso dentro de las aulas. El curso pasado no se celebraron prácticamente actos culturales, aunque se intenta hacer que funcione una asociación de este tipo.

«La verdad es que tampoco hay demasiada inquietud por leer ni por realizar actividades paralelas, señala Eduardo Díaz Otero, profesor de la cátedra de Joaquín Ruiz Giménez en la facultad de Derecho de Madrid. «Yo creo que esta situación deviene de la etapa inmediatamente posterior a la muerte de Franco, y ya con las elecciones de 1977, cuando los partidos políticos empiezan a tener claras aspiraciones extrauniversitarias. A eso hay que añadir que nunca se han preocupado por conseguir que la lucha de estudiantes y PNN estuviera unida, y hoy es prácticamente antagónica, para mayor debilidad del movimiento universitario. Claro que habría que preguntarse si lo que decía el Partido Comunista hace unos años de que "los universitarios son una base objetivamente revolucionaria" responde en algo a la realidad.»

Proceso de despolitización

Lo cierto es que las cosas han cambiado espectacularmente, y la atención de esas masas de estudiantes sin ninguna salida se centra, por ejemplo, en la Fiesta de Primavera, que organiza todos los años a fin de curso la Universidad Autónoma de Madrid, donde funcionan asociaciones culturales en Filosofía, Derecho, Económicas y Ciencias.«Al ciclo de conferencias sobre el terrorismo que se organizó en Derecho vino el abogado Juan María Bandrés, y la verdad es que asistió muchísima gente.» Juan Celada, responsable de Universidad del Movimiento Comunista, cree firmemente que una solución inmediata a esta apatía estudiantil está en una lucha por reformas concretas. «Es imprescindible la democratización de la universidad y la creación de claustros constituyentes. »

Las tres universidades autónomas de España (Madrid, Barcelona y Lejona, en Bilbao), construidas en un último intento por conseguir formar una élite escogida de titulados que no podían ofrecer las viejas universidades sacudidas por la lucha antifranquista, no están tampoco al margen de este nuevo estilo de vida.

Las revistas universitarias con cierta inquietud política se han hundido, como en el caso de Universidad, que el PCE intentó hacer circular en Oviedo. Pero tampoco se han podido sacar adelante ni Alborá, a pesar de la subvención de 350.000 pesetas recibida del vicerrector, ni la revista Juan Canas, de la misma universidad. Son publicaciones bastante irregulares todas ellas, incluida la propia Crónica, de Derecho, que aparecía hasta no hace mucho en esta facultad de la Complutense, y alguna revista de partido «que no estaba mal», en opinión de alumnos independientes, caso de Caleidoscopio, del Partido del Trabajo. El Colegio Mayor San Juan Evangelista, uno de los más activos culturalmente hablando, edita aún en Madrid la revista Foco, aunque la difusión de todas estas publicaciones es bastante escasa. En la propia Universidad de Salamanca, las actividades que han sido más seguidas el curso pasado han sido los conciertos de rock, jazz y música folk, organizados por el colectivo Fonos, en el que participan universitarios y no universitarios. Y lo mismo podría decirse de la mayoría de las universidades, exceptuando las del País Vasco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 1979