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Crítica:CINE /

Un filme apátrida

He aquí una película apátrida donde las haya. Ashanti no es americana, como su director y algunos de sus actores, ni inglesa, como algunos otros. No es española, como el autor de la novela en que se basa, ni, por supuesto, suiza, como su productor, Georges-Alain Vuille. Nada más lejos de Ashanti que el cine suizo que conocemos, al que sólo nos remite la fugaz aparición de Jean-Luc Bideau.El perro (A. Isasi, 1977), Oro rojo (A. Vázquez-Figueroa, 1978) y ahora Ashanti son más que suficientes para que el espectador se forme una idea bastante clara de Vázquez-Figueroa como argumentista cinematográfico. Las tres películas poseen los puntos de contacto necesarios para que ello sea posible. La fórmula Vázquez-Figueroa consiste en una mezcla al 50% de espectáculo y mensaje, de diversión y reflexión. Se diría que este autor teme que se le encasille en un género que ya sólo los tontos consideran menor y que intenta que su cine sea algo más que una evasión, noble finalidad afortunadamente redescubierta en los últimos tiempos. En las tres historias de aventuras citadas, Vázquez-Figueroa recurre a coartadas de tipo progre-humanitario. En El perro era la revolución latinoamericana; en Oro rojo, el tráfico de sangre humana; en Ashanti, la esclavitud. Y si el lado crítico le falla, aún más le falla el aventurero, y esto es lo más grave en un producto que se pretende, antes que nada, espectáculo.

Ashanti (Ebano)

Director: Richard Fleischer. Guión: Stephen Geller, basado en la novela Ebano, de Alberto Vázquez-Figueroa. Fotografía: AIdo Tonti. Música: Michael Melvoin. Intérpretes: Michael Caine, Peter Ustinov, Beberly Johnson, Kabir Bedi, Rex Harrison, William Holden, Omar Sharif y Jean-Luc Bideau. Suiza, 1978. Locales de estreno: Bilbao, Palacio de la Prensa y Velázquez.

¿Por qué Ashanti es un mal filme de aventuras y un mal filme de mensaje? En principio, medios no le faltan. Se trata de una producción de coste elevado, con un director experto en cine espectacular -véase Los vikingos, Mandingo, etcétera- y con un reparto superatractivo que sólo empaña la marciana inclusión de Kabir Bedi, alias Sandokán. Pues bien, lo que falla es la historia. Ashanti ni siquiera alcanza el mínimo exigible a cualquier pasatiempo, porque al simplismo de su acción y al esquematismo de sus personajes une una absoluta torpeza en la elaboración de la intriga, ya de por sí poco creíble. Lo más preocupante es qué hace en esta película Richard Fleischer. Este artesano, que el tiempo ha convertido en maestro pese a una cierta irregularidad, no había llegado nunca a tal extremo. Su elección se debe, sin duda, a su trabajo en Mandingo, una de esclavos, pero en bueno. Infantil sin pretenderlo, Ashanti es uno de los filmes más elementales de un género tan difícil de practicar como fácil de ver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de mayo de 1979

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