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El futuro de los festivales de cine, analizado en la Semana de Valladolid

El imperio de los sentidos, de Oshima, y Sonata de otoño, última obra de Ingmar Bergman, las dos películas más esperadas por los espectadores, han cerrado la XXIII edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Una edición caracterizada, fundamentalmente, por el gran número de proyecciones, el elevado nivel medio de los filmes y la escasa asistencia de público.Sin embargo, a pesar de estas notas de pesimismo, la XXIII Semana de Valladolid puede ser el punto de arranque de un camino que conduzca a la superación de la crisis por la que atraviesan muchos festivales españoles. La edición, que concluyó ayer dedicó las conversaciones internacionales a un tema actual y atractivo: El futuro de los festivales de cine. Partidos políticos, críticos, directores cinematográficos y directores de otros festivales han participado en los debates y presentado ponencias sobre la problemática del cine y las posibles vías de solución.

Entre ellas destacan: la necesidad que tienen las muestras cinematográficas de contar con una cobertura legal democrática, representativa y autónoma, el control y funcionamiento democrático de los festivales y la creación de asociaciones de espectadores, pero dejando la gestión ejecutiva en manos de especialistas, y precios accesibles a todos los públicos. Otros acuerdos versan sobre la necesidad de que los festivales se vertebren por asociaciones cívicas, culturales y políticas en estrecha colaboración con los organismos culturales de los entes preautonómicos y los trabajadores del cine y la necesidad de crear una coordinadora interfestivales que compagine las fechas de las diferentes muestras y busque apoyos financieros.

Pourquoi pas?, de la francesa Coline Serreau, se perfila como máxima candidata a la Espiga de Oro, que este año se concede por votación popular. El citado filme recibió el voto afirmativo de más del 90 % de los espectadores que lo contemplaron. El segundo lugar corresponde, hasta el momento, a Una noche muy moral, del director húngaro Karoly Makk.

La lectura de una nota de protesta por las agresiones de la extrema derecha a la prensa provocó la suspensión de la recepción ofrecida a los enviados especiales por el Ayuntamiento y la intervención de la fuerza pública. El periodista Manuel Payno sufrió fractura de mandibula, siendo internado en el hospital de la Seguridad Social.

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