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ETA secuestra al delegado de Educación y Ciencia de Guipúzcoa

El delegado en funciones del Ministerio de Educación y Ciencia en Guipúzcoa, José Javier Crespo Berisa, fue secuestrado ayer por un comando de ETA politico-militar, que permaneció en su domicilio durante ocho horas. La operación comenzó a las diez de la noche del lunes y la familia del señor Crespo no pudo dar aviso a la policía hasta la una del mediodía de ayer, martes.

ETA (p-m) indicó en el comunicado, difundido para reivindicar este secuestro que durante la mañana de ayer realizó también acciones de advertencia y visitas domiciliarias contra los delegados del mismo ministerio en Navarra, Alava y Vizcaya. La operación fue realizada por comandos integrados en la columna Eustaquio Mendizábal. Después de describir lo que califica como genocidio cultural y proceso de desnacionalización en Euskadi, ETA (p-m) anuncia que luchará con todas sus fuerzas contra el actual estado de cosas en materia cultural y lingüística, «inscribiéndose en este concepto el arresto de Crespo». El comunicado añade que próximamente se dará a conocer al pueblo vasco una carta dirigida al Gobierno donde se recogen las exigencias de la organización en este terreno.José Javier Crespo no pertenece a ninguna organización política, según declaraciones de sus familiares, y se había visto obligado a hacerse cargo de la Delegación Provincial interinamente hace poco más de un mes, al solicitar la excedencia la delegada, a causa de su avanzado estado de gestación.

La operación. para secuestrar al señor Crespo comenzó a las diez de la noche del lunes. En ese momento subían en ascensor al domicilio -avenida del Doctor Marañón, 2, 5.º C, situado en la zona de Ayetela esposa del delegado provincia en funciones, Mercedes Herrero, y un vecino apellidado Goñi, mientras un hermano del señor Crespo que vive en el sexto lo hacía por las escaleras. Al llegar al rellano, del quinto piso se encontraron con otras tres personas que, después de un momento de sorpresa, les amenazaron con las armas y les obligaron a entrar en la vivienda. En ella se encontraba José Javier Crespo, con sus tres hijos, de ocho, seis y tres años.

Según las declaraciones de los familiares, los tres secuestradores permanecieron constantemente enmascarados y desde los primeros momentos indicaron al delegado provincial de Educación y Ciencia que debería acompañarlos pasadas las seis de la mañana.

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El comando trató con corrección a los familiares del secuestrado

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Los tres individuos trataron de tranquilizar repetidamente a los familiares del señor Crespo, insistiendo en que no pasaría nada. El trato fue «correcto y hasta amable», según el hermano del secuestrado, y pusieron mucho interés en que los tres niños no se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo y no vieran las armas. A lo largo de toda la noche hablaron poco y nunca lo hicieron en euskera. Tampoco tomaron ningún alimento.

Los secuestradores subieron y bajaron del piso en varias ocasiones, y en una de ellas, sobre las doce de la noche, volvieron acompañados de otro hombre, también enmascarado. Los familiares de José Javier Crespo no han podido precisar si se trataba siempre de las mismas personas o se produjo algún cambio en el comando.

Después de cierto tiempo, los miembros del comando permitieron al señor Goñi que se trasladase a su domicilio, para evitar que sus familiares pudieran sospechar algo raro y dieran aviso a la policía.

A las seis y diez de la mañana dos de los secuestradores abandonaron la vivienda llevandose consigo al señor Crespo. No hablaron en ningún momento de las razones del secuestro ni dijeron cuáles podrían ser las condiciones para liberar a la víctima.

Los otros dos miembros del comando permanecieron en la casa hasta las doce y cuarto, momento en el que recibieron una llamada telefónica. Antes de marcharse indicaron a la esposa y al hermano del señor Crespo que no debían dar aviso de lo ocurrido hasta la una.

José Javier Crespo tiene 41 años y es natural de Castejón, en la ribera de Navarra. Con diecinueve años comenzó a ejercer de maestro en Guipúzcoa y posteriormente se licencio en Pedagogía. Después de hacer las oposiciones a inspector escolar trabajó unos meses en Jaén, de donde volvió a Guipúzcoa hace diez años. Había sido nombrado inspector jefe hace poco tiempo, por lo que al pedir la excedencia temporal la delegada titular del Ministerio ocupo su puesto en funciones. Según sus familiares más próximos nunca había recibido amenazas.

Inmediatamente después de conocerse la noticia, el Departamento de Educación del Consejo General Vasco hizo pública una nota en la que manifiesta su consternación y su enorme extrañeza por este acto, «que lejos de favorecer la solución de nuestros problemas culturales y educativos, los entorpece», pidiendo a quien pueda escuchar su llamada que el asunto se solucione rápidamente con la liberación del señor Crespo.

Por su parte, los sindicatos de enseñanza de CCOO, LSB-USO UGT, CSUT, SU y SPE «expresan su más enérgica protesta y repulsa ante el secuestro», exigiendo su inmediata puesta en libertad. «Consideramos que actos de esta naturaleza no contribuyen a solucionar ninguno de los problemas que hoy tiene planteada la enseñanza -continúa la nota de los sindicatos- por el contrario, enrarecen la situación creando tensiones que imposibilitan el diálogo. »

Un falso policía abordó al delegado en Vitoria

El delegado de Educación y Ciencia, en Vítoria, Tomá Subirán, salió de su domicilio a las nueve de la mañana, para llevar a un hijo suyo, de corta edad al colegio. En el portal fue abordado por un joven, que se identificó como policía.

El presunto policía -según informa Europa Press- dijo al señor Subirán que se había producido un ametrallamiento en la localidad de Salvatierra de Alava y que el vehículo utilizado había sido identificado como de su propiedad. El joven le pidió que le acompañara a la comisaría de policía para proceder a cumplir las diligencias correspondientes.

El señor Subirán pidió al presunto funcionario que le permitiera llevar primero al niño al colegio. Al insistir este último en que el caso era muy importante y urgente, le solicitó que le esperara un momento, mientras dejaba al niño en casa. Cuando el delegado de Educación y Ciencia subió a su domicilio, llamó por teléfono a la comisaría de policía para certificar que existía el caso de ametrallamiento, y que un funcionario había sido enviado a buscarle.

En la comisaría negaron que existiera tal hecho y que un policía hubiera ido a buscarle. Ante este hecho, se desplazó un vehículo policial. Cuando el coche llegó y el señor Subirán bajó a la calle, el joven había desaparecido sin que hubiera dejado ningún tipo de mensaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de noviembre de 1978

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