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Reportaje:El caso Humberto Delgado / y 4

La clave del asesinato del general portugués sigue todavía en España

El juez Crespo Márquez, que dirigió la instrucción del proceso abierto en España contra los asesinos de Humberto Delgado, afirma, en un reportaje difundido por la televisión portuguesa el 24 de octubre de 1978, que no sufrió ningún tipo de presión por parte de las autoridades españolas de la época, que la justicia española supo defender su independencia y que la condecoración que le fue otorgada después del juicio se destinaba a distinguir el trabajo desenvuelto y no a recompensar cualquier favor hecho. Es cierto que lo que se sabe hoy, a ciencia cierta, de los últimos momentos del general y de las circunstancias de su muerte, se debe a la investigación española. Las averiguaciones efectuadas en España por abogados, amigos del general y comisiones internacionales no hubiesen conseguido nada sin las relativas facilidades que les fueron dadas. Termina su último capítulo Nicole Guardiola, desde Lisboa, sobre el caso Delgado.

Estas circunstancias hacen lamentar aún más que el extenso expediente entonces reunido por la justicia española no haya sido incluido en la instrucción del juicio ahora celebrado en Lisboa. Por dicha razón, muchos hechos han quedado sin explicar y otros, dados como ciertos entonces, son ahora producto de fuente extrajudicial.El semanario Expresso se interrogaba, hace dos semanas, a razón por la que una serie de testigos españoles no habían sido citados: los investigadores, el juez Márquez Crespo, los pastores que descubrieron los cadáveres, personal del hotel de Badajoz donde el general Delgado y Arajaryr Dos Campos fueron vistos por última vez con vida el 13 de febrero de 1965, y el propio Fraga Iribarne, entonces ministro del Interior.

Los hechos sabidos

Delgado y Arajaryr Dos Campos dejaron Argel el 8 de febrero de 1965 con destino a Marruecos, donde se encuentran con algunos de sus partidarios a quienes entregan documentos. Allí anuncian que se dirigen para Badajoz, donde tendrían una cita con elementos de la oposición civil y militar a Salazar, venidos del interior de Portugal. Delgado y su acompañante embarcan en Tetuán, llegando el 12 a Badajoz, donde permanecen hasta el día siguiente. El 13 mandan postales a amigos de diversos países sin manifestar la más mínima preocupación, y salen a principio de la tarde con un amigo que ha venido a buscarlos en coche al hotel. No volverán a ser vistos con vida.

La desaparición del general es notada, pasados unos días, por sus partidarios de Marruecos, entre ellos Henrique Cerqueíra, que afirma haber recibido por instrucción del general la orden de alertar la opinión internacional si éste no estuviera de vuelta al cabo de una semana. En Madrid, Emidio Guerreiro (más tarde presidente del PPD), amigo personal del general y que éste había intentado en vano convencer para que acudiera también a Badajoz, con los contactos que este antifascista tenía desde mucho tiempo antes en el norte de Portugal, es quien pone en marcha las primeras acciones destinadas al conocimiento de la verdad. Para Guerreiro, el general ha sido preso por la policía española y tal vez entregado a la PIDE.

Otros núcleos de emigrantes portugueses -los de Venezuela, por ejemplo- aseguran tener prueba de que Delgado fue detenido al salir de su hotel por la policía española. Entretanto, el grupo de exiliados instalado en Argel se niega a creer que alguna cosa hubiese acontecido y afirma públicamente que se trata de un nuevo «golpe publicitario» del general. Tan sólo el paso del tiempo va quitando credibilidad a esta suposición, mientras los distintos sectores del exilio portugués se enzarzan en polémicas sobre el asunto.

Guerreiro denuncia el «muro de la vergüenza» y consigue el apoyo de la Liga Francesa de los Derechos del Hombre, y de su presidente, Daniel Mayer, para enviar una comisión internacional a investigar los hechos.

Los tres abogados que la componen -un francés, un inglés y un italiano- reciben de Cerqueira los detalles del proyectado viaje de Delgado: viaja con un pasaporte brasileño facilitado por sus amigos de Roma y con el nombre de Lorenzo Ibáñez. Arajaryr viaja con su verdadero pasaporte, deben encontrarse en Badajoz con el emisario de Roma, Mario Carvalho, y con al menos, un portugués venido del interior y que asistió a las reuniones preparatorias de París, llamado Sousa Castro.

En Badajoz encuentran rastro de Delgado en el hotel Simancas, pero nadie puede o quiere decir nada, salvo que los dos turistas desaparecieron el día 13 y que el caso ha sido comunicado a la policía local, a quien se ha entregado el equipaje. El jefe de la policía no sabe nada y los abogados regresan a París, muy preocupados. En el avión se enteran de que han sido descubiertos dos cadáveres, el de un hombre y una mujer, en Villanueva del Fresno cerca de Olivenza. Los dos, en avanzado estado de descomposición. Es el día 27 de abril.

La investigación oficial española fue abierta el día 24, fecha de la aparición de los dos cadáveres, y fue conducida por dos inspectores especialmente enviados de Madrid: Antonio Viqueira Hinojosa y Juan Manuel Barberán. La identificación oficial es publicada por el juez Crespo Márquez el 8 de mayo, después de recibir los elementos necesarios de la policía portuguesa. La familia Delgado elige sus abogados: en Portugal, Mario Soares, futuro secretario general del PS, y Abranches Ferrao, ya en otras ocasiones defensor de Delgado. En España, Mariano Robles Robledo, Jaime Cortezo Vellásquez y Josefina de Arrilaga.

"Policías portugueses de excursión"

La policía establece rápidamente una relación entre el crimen y dos coches que pasaron la frontera de Badajoz el mismo día. Sus cuatro ocupantes han sido presentados al jefe de la policía española del puesto por su colega portugués como «policías portugueses en excursión hacia Sevilla». Durante un año, la justicia española trabaja a buen ritmo y el resultado es un auto inculpando a ocho individuos: los cuatro ocupantes de los dos coches registrados en el Puesto fronterizo de San Leonardo, portadores de pasaportes con los nombres de Castro e Sousa, portugués, abogado: Roberto Vurrita Barral, Felipe García Tavares v Wasdeo Kundamnal Mirpuri, un marroquí, cuyo coche averiado ha sido encontrado, dos semanas después de la fecha supuesta de la muerte de Delgado, con vestigios de sangre y de cabellos de mujer, posteriormente identificados como pertenecientesa Arajaryr dos Campos. El jefe de policía portuguesa en la frontera, Gonçalves Semedo, y dos personas residentes en Roma, el portugués Mario de Carvalho y el italiano Ernesto María Bisogno (que tuvieron una parte determinante en el plan que llevó a Delgado a la emboscada de Badajoz) completan la lista.

El juez español, los policías encargados de la investigación, no tienen reparo en declarar a Mario Soares, en ocasión de la reconstitución de los hechos, su convicción de que los autores del crimen son agentes de la PIDE. Toda la opinión mundial apuntó al régimen salazarista como responsable del crimen. Pero en Lisboa la versión es otra: Delgado ha sido asesinado por sus correligionarios. La agencia oficial salazarista divulga esta versión. tomada por los periódicos de derecha en España y en otros países el crimen es de los comunistas.

Después de una fase intensa de trabajo, con el sentimiento de estar bajo los ojos de la opinión mundial, la investigación del lado español entra en crisis. Parece aceptarse las explicaciones dadas personalmente por Rosa Casaco, que se desplaza para el efecto a España, y oficialmente por la PIDE, que afirma no haber tenido nunca a su servicio a elementos con los nombres referidos en el auto de acusación. Franco, que al parecer había quedado furioso de los procedimientos de su colega portugués que lanzan sobre el régimen español la sospecha de coparticipación en este crimen tan escandaloso se apacigua poco a poco. Hay encuentros entre las dos policías, una entrevista a nivel diplomático entre los ministros Castiella y Franco Nogueira y, finalmente, una cacería en la que participan Muñoz Grande y Américo Tomás.

A partir de allí no se sabrá nunca más nada. El proceso permanece bajo secreto de justicia. El único individuo preso, Elías Tapiero, es liberado al cabo de diez meses después de que se le haya dado una explicación poco convincente de las señales encontradas en su coche.

En Italia. el proceso instaurado por el ministerio público contra los dos inculpados residentes en Italia, termina al cabo de ocho años, sin resultados.

Después del 25 de abril de 1974 se da pública reparación a Delgado, cuyos restos son trasladados con gran solemnidad a Lisboa. Mario Soares figura entre los que llevan el féretro a hombros. Pero el propio Mario Soares, en junio de 1974, declara en una entrevista a Pueblo que no considera oportuno

reabrir el proceso sobre el asesinato de Delgado. Los elementos que conducirán a la inculpación de los elementos de la PIDE que comparecen ahora en el tribunal de Lisboa, resultarán de los trabajos de la comisión encargada del proceso de extinción de la PIDE. Son estos elementos los que permitirán identificar a Lopes Ramos, Rosa Casaco, Tienza, y Monteiro como los ocupantes de los dos misteriosos coches señalados por la investigación española. Se sabe la tesis que éstos sostienen hoy, pero muchos elementos cuya clave está en España, siguen sin esclarecer y sólo podrán serlo si se reinicia la investigación en España. Pero esta voluntad no parece existir.

Misterio sin resolver

Mientras tanto se sabe que la autopsia ha sido incompleta y no determina si la muerte del general fue a tiros, como confiesan los inculpados, o por golpes en la base del cráneo, como concluyó entonces el forense. La identificación no es absolutamente segura y nadie de la familia o de los amigos han podido siquiera ver los cadáveres. Hay sospechas de que los restos de Deígado hayan podido permanecer tanto tiempo en un lugar relativamente frecuentado y tan mal enterrados. No se sabe con certeza la fecha de la muerte de las dos víctimas, ni si tuvieron lugar al mismo tiempo. Parece imposible que la policía española no haya sabido nada antes e inmediatamente después del crimen, sobre todo si, como se dice, Tapiero era, de hecho, agente secreto de esta misma policía, y si, como afirmó un inspector de la PIDE preso en 1974, había sido avisado el lado español de la próxima llegada de Delgado a territorio esnañol con un pasaporte a nombre de Ibáñez.

En España también residieron, y residen aún, muchos elementos de la PIDE, como el propio Rosa Casaco, y sería muy importante saber su paradero. Su hijo anunció hace dos años a los miembros de las sociedades a que pertenecía que su padre había muerto, pero ahora Casaco escribe al tribunal, corrigiendo sus declaraciones de 1975. Si está muerto, ¿quién está usurpando su nombre? Si no lo está, ¿por qué no se pide su extradición?

En Portugal parece existir mucho recelo en conocer toda la verdad sobre las acciones de la PIDE, como si la siniestra corporación extendiera aún hoy su brazo para amenazar la democracia naciente. Es lógico que este recelo se extienda al otro lado de la frontera. Hay una solidaridad entre estas corporaciones policiales, que se impone hasta a las diferencias de régimen. ¿No se probó que la policía francesa mandaba informes a la PIDE sobre los movimientos de los exiliados portugueses? En casos de crímenes de Estado es muchas veces difícil conocer el fondo de la verdad, aun cuando los historiadores han sucedido a los investigadores judiciales. En este sentido, el proceso Delgado interviene demasiado tarde o demasiado temprano. Demasiado tarde, tal vez, para permitir el castigo de los autores materiales, lo único que se puede y debe pretender en este momento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 1978