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CARTAS AL DIRECTOR

La matanza de Atocha

Los artículos publicados sobre los tristes sucesos de la calle de Atocha me obligan, como hermano de uno de los abogados desaparecidos, a expresar mi indignación por el tratamiento dado al tema.En un periódico de la seriedad informativa de EL PAÍS resulta increíble se recurra a un tratamiento novelado de todo lo ocurrido, donde la morbosidad y una total falta de respeto a la integridad personal se combinan trágicamente. Es inconcebible que la evocación de aquellas fechas se realice exclusivamente mediante una descripción sensacionalista de los hechos, sin profundizar en absoluto en la personalidad de los desaparecidos, como si lo único que interesara recordar fueran los detalles, cuanto más minuciosos mejor, de su agonía.Y esto es lo más indignante; desgraciadamente, no ha habido todavía una sola publicación española que, respetando el derecho mínimo a la intimidad de víctimas y supervivientes, haya analizado serenamente la verdadera dimensión de sus vidas. No se ha explicado la dedicación de mi hermano y sus compañeros, su labor constante en las asociaciones de vecinos, su sensibilidad ante la desigualdad y falta de libertades, su comprometida bondad en último término. Desgraciadamente, y a pesar de nuestra opinión contraria -que al ser totalmente ignorada motivará la querella judicial de varios familiares y supervivientes-, se anuncia el inmediato estreno de una película en salas comerciales, que ilustrará con lujo de detalles aquellos momentos tan tristes. Flaco y triste servicio a la prudencia y desprecio de la publicidad que siempre tuvieron los que ahora ya no pueden hablar.

Y quizá lo peor de todo, cuando uno tiene que soportar análisis como el realizado, sea el comprobar cómo se mantienen criterios pequeño-burgueses en nuestros medios de difusión. Volvemos a la imagen estúpidamente romántica de familias bien que se rebelan», cuando el articulista demuestra desconocer absolutamente la vida personal de los interesados, e incluso. de haberse superficialmente informado, ¿qué derecho le asiste para opinar sobre la vida privada, y lo que es peor, a sacar consecuenclas?Las tentaciones de comerciafidad no se corresponden con un análisis honesto de todo lo ocurrido, sin poder, por otra parte, admitir que el recuerdo de mi hermano se vincule con propagandas superficiales pendientes del mercado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 1978