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El comité de notables de la CEE, a discusión por los ministros de Exteriores

La propuesta del presidente francés, Valery Giscard d'Estaing, de crear un «comité de notables» para analizar las incidencias institucionales de la entrada de Grecia, España y Portugal en las Comunidades Europeas figura en el centro de discusiones que hoy inician en el castillo de Gymnich, en las cercanías de la capital de la RF de Alemania, los nueve ministros de Asuntos Exteriores del Mercado Común.La posición de los nueve ante Africa del Sur, Namibia, Rodesia y Oriente Próximo completan los temas de este tradicional encuentro trimestral de «cooperación política» comunitaria.

Al margen de los problemas económicos que plantea la ampliación comunitaria, el capítulo institucional es, con seguridad, otro de los aspectos delicados del proceso ampliatorio. Es evidente ,que las reglas de una Comunidad creada hace veinte años para seis Estados no podrán ser las mismas que para la Comunidad de mañana, con doce Estados.

La Comisión Europea avanzó ciertas ideas en su documento de conjunto presentado en primavera.

La actual iniciativa del presidente Giscard, acogida con distinto entusiasmo entre los demás Gobiernos de la CEE, pretende ir más allá de saber si cada país tendrá un comisario en el organismo ejecutivo, determinado número de escaños en el Parlamento Europeo (58 para España en una asamblea de 516), si todas las lenguas de la CEE a doce serán oficiales, o cuántos funcionarios y qué responsabilidades tocarán a cada uno de los últimos llegados.

El núcleo del problema institucional radica en la forma de gestión de la CEE a doce, hasta hoy regida por la regla de la unanimidad, a todos los niveles. La misión capital del grupo de notables, si se aprueba definitivamente su creación -posiblemente en el curso del «consejo europeo» de j efes de Estado o de Gobierno, el 4 y 5 de diciembre próximo, en Bruselas-, será una tarea de «reflexión». Giscard precisa su concepción de una «confederación» para Europa en la que los Estados miembros pongan en común una serie de políticas pero guarden sus poderes de decisión a nivel nacional.

La ampliación sitúa a los comunitarios frente al dilema de dotar de mayor agilidad de decisión a los organismos (voto mayoritario, excepto en casos de capital importancia) sin ceder demasiados poderes « supra nacionales » a los centros de gestión comunitarios. Es muy probable que el «comité de notables» sugerido por Giscard sea aceptado por el resto de Estados miembros. Lo que es ya más hipotético es saber si todos los Estados miembros, grandes, pequeños, y por qué no, candidatos, aceptarán las conclusiones, en principio imparciales, de los «notables».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 1978

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