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Crítica:

Bob Dylan: Europa, sí; España no

¡Dylan vuelve a por su sustento! Esta viene a ser la traducción aproximada del titular con que encabezaba el Melody Maker del pasado 6 de mayo la noticia de la primera visita a las islas de Robert Zimmerman después de diez años. Por su parte, Le Monde, el pasado día 20, incluía la noticia en primera página: «Ce n'est rien que la vie» (No es más que la vida).Bob Dylan, legendario entre legendarios, ególatra neurotizado, vuelve a cantar en Europa. Al parecer su estado económico, tras la financiación del filme Renaldo y Clara y de su divorcio, ya no es lo que era. En todo caso, Dylan vuelve y este hecho es un acontecimiento. En cada uno de sus seis conciertos londinenses viene a ganar unos diez millones de pesetas, frente a más de 15.000 personas. Después de Londres, Dylan visitará la República Federal de Alemania, Holanda, Francia y Dinamarca.

El montaje es, al parecer, impresionante, y las primeras críticas que llegan del mismo hablan de recreación completa de todos y cada uno de sus clásicos, como intentando demostrar que no ha muerto, pero no hace ninguna falta, el Dylan de la residencia de la playa de Malibú sigue siendo tan genial como el de aquel lejano y, ¡cómo no!, legendario festival de Newport. Diría más: a la espera de su último elepé, Street Legal, Dylan ha realizado en sus últimos dos álbumes en estudio, Blood on the Tracks y Desire, sus mejores trabajos desde Nashville Skyline ( 1969). Está en plena forma.

Sin embargo, algo ha de empañar el regreso de uno de los mayores y más influyentes creadores de nuestros días. Dylan no visitará España. La aventura de órdenes y contraórdenes, de triunfalismos exagerados y de decepciones finales merecería por sí sola un reportaje en extensión. El resumen final es que había más de seis intermediarios, que Gay Mercader no ha podido superarlos, que CBS ha movido los hilos que podía y que Dylan no viene. No cabe hablar de que no se le haya hecho al coordinador de la gira, Harvey Goldsmith, una oferta baja. De hecho, Dylan ganaría en España cerca de los cuarenta o cincuenta millones de pesetas, mucho más de los que sacará por concierto en Inglaterra o en Japón. Los problemas parecen ser de desplazamiento, y el hecho de que nuestro país no sea un gran consumidor de elepés. Si tenemos en cuenta que tanto Dylan como CBS internacional ven en esta gira un método promocional rentable, lo más normal es que nos ignoren. Bussiness are bussiness, aunque, eso sí, es posible que tras su periplo europeo Dylan venga a descansar a nuestras costas. Sería un consuelo.

Al margen de que la gira europea de Dylan no pase por España, todo parece indicar que el fan dylaniano español podrá contar con la presencia de Renaldo y Clara en las pantallas comerciales en la próxima temporada, si bien en la versión comercial de dos horas de duración, en lugar de las cuatro que duraba la película originaria. En esto, como en tantas otras cosas, los criterios de comercialización se han impuesto sobre los específicamente artísticos. Dylan pensó y realizó su película según sus propios criterios artísticos. Las multinacionales del disco y el cine lo han adaptado a sus necesidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de junio de 1978