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ARGENTINA 78

Austria no opuso resistencia a Brasil

El partido Brasil-Austria, que clasificó a ambos equipos para la siguiente ronda del Mundial, fue un triste remedo del Hércules-Burgos en la última Liga española. Entonces los dos conjuntos jugaron para empatar en perjuicio del Betis. Ayer, en el campo de Mar del Plata, Austria no quiso ganar en una vergonzosa actuación que perjudicaba a España. El encuentro fue de ínfima calidad, con un juego lentísimo, y Brasil, un poco menos desastroso que otras veces, apenas necesitó esforzarse para conseguir el mínimo triunfo que le bastaba. España no puede lamentarse de esta pobre conclusión, porque llegó al trance de depender de terceros únicamente por sus propios errores. La deportividad austriaca se vio pronto que iba a brillar por su ausencia. El milagro del quijotismo centroeuropeo no se podía esperar y no se produjo. Lo triste es que España, pese a sus problemas, no se clasifique ante dos equipos tan mediocres como Brasil y Austria. El nivel de este Mundial es auténticamente un desastre, y aun que no hayamos visto los encuentros del equipo de Senekowitsch frente a España y Suecia, resulta muy duro hacerse a la idea de que se le pueda considerar revelación de nada y menos de un Mundial. Con un 4-4-2 descaradamente prudente, convertido a veces en un 5-5-0 increíble, lo que practica Austria no es fútbol, sino un simulacro de entretener el balón en los pies para pasar los minutos.

El que enfrente exista una portería y que en ella haya que meter -intentarlo, al menos- el balón, no le interesa. Desde luego. seguro que no le interesó el domingo contra Brasil.

Si a este panorama austriaco unimos los fallos defensivos en los centros más inocentes sobre el área -caso del gol y otro que acabó salvando in extremis Koncilia ante el solitario y sorprendido Jorge Mendoza- comprenderemos que Brasil tenía ante sí un camino de rosas. Lo triste es que ese otro simulacro de equipo, que supuestamente dirige Coutinho, casi no tuvo fuerzas para aprovechar la ocasión. Sólo las sospechosas facilidades de la defensa austríaca le permitieron marcar un gol y estar a las puertas de otros más. El nuevo equipo brasileño sólo mejoró un poco con la inclusión de Jorge Mendoza, un delantero media punta, muy móvil y que al arrancar desde atrás abría algún hueco en la cobertura rival, aunque sin excesiva convicción. Pero nada más.

Brasil dominó a lo largo de un partido lentísimo porque Austria se dejó dominar. El juego centroeuropeo terminó prácticamente en el centro del campo y sólo al iniciarse la segunda parte pareció «equivocarse» en querer marcar quizá para evitar mayores suspicacias. Leao salvó una gran ocasión de Kreuz y luego únicamente Jara lanzó varios disparos rozando el larguero desde muy lejos. En la primera parte no hubo un solo peligro en la portería de Brasil. Kreuz y Krankl, los únicos hombres adelantados, fueron inútiles.

La teórica superioridad combinativa centrocampista a cargo de Austria quedó de sobra compensada por la oscura labor, una vez más sin confianza y con su nula calidad habitual, de Cerezzo -sustituido antes del final por otro inútil Chicao-, Batista y Dirceu. Hickersberger -también sustituido-, Prohaska y Jara no alimentaron ni reforzaron el famélico ataque. Krieger, el defensa del Brujas, bastante tuvo con ocuparse de Jorge Mendoza.

La victoria de Brasil, según todo esto, resultó merecida, pues sólo él la busco continuamente. Se limitó a atacar por el, centro con Jorge Mendoza y Roberto, y por la derecha, con Gil, pero al menos eso hizo. El capitán austriaco, Jara, lateral derecho, tuvo siempre un pasillo libre para internarse y nunca avanzó. Más que correr el riesgo de un contraataque, no quiso la aventura de marcar un gol. Perder por 1-0 le era suficiente, aunque hubiese que realizar un sorteo posterior para decidir el orden del grupo. España, como punto final de una larga serie de errores, tenía así una eliminación casi truculenta. En realidad no podía ser de otra manera. La pena es que pasen a la siguiente fase dos equipos tan malos como Austria y Brasil. El Mundial-78 alcanza cada día más cotas insospechadas de mediocridad. Por lo visto, el fútbol perdió su brújula hace años y España no es ninguna excepción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de junio de 1978

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