Sólo una nueva coalición tripartita puede resolver la crisis
Hoy domingo seis millones de belgas, mayores de veintiún años acudirán a las urnas para elegir 212 diputados, 181 senadores y 720 consejeros municipales. El voto es obligatorio.
La campaña terminó a las cero horas del sábado bajo un clima de «guerrilla» lingüística, entre flamencos y valones. Un debate televisado entre el primer ministro Leo Tindemans, socialcristiano flamenco, y el copresidente del Partido Socialista, André Cools, no aportó ninguna luz al electorado.Son muchas las incógnitas que pesan sobre las intenciones del voto belga. El diario bruselense Le Soir (independiente) dice que la elección es «la más enigmática desde la posguerra».
El equilibrio de fuerzas políticas del Parlamento saliente era muy frágil. El Gobierno de coalición socialcristiano-liberal era minoritario. Gobernaba gracias al apoyo de un pequeño grupo regionalista francófono, cuya retirada provocó la anticipación de las actuales elecciones.
Un aumento de la influencia de los socialistas en Valonia puede desequilibrar el panorama. Sobre todo si el elector, sensibilizado por la crisis económica y el alto índice de desempleo, se inclina hacia el programa socialista.
Los socialdemocristianos y liberales pueden progresar en Flandes, la zona más conservadora y con un desarrollo económico más dinámico que Valonia.
Sin embargo, la presencia de partidos regionalistas, flamencos, valones o bruselenses, puede hacer que se tambaleen las previsiones de las grandes formaciones tradicionales. Sobre todo en la zona de Bruselas, donde la lucha por una estructura regionalista que tenga en cuenta las particularidades de Bruselas radicaliza a los electores de expresión francófona. Nadie olvida el éxito alcanzado por el FDF (partido francófono Defensa de Bruselas) en las últimas elecciones municipales del pasado mes de octubre.
¿Cómo se gobernará Bélgica después del domingo 17 de abril? Nadie aventura previsiones. Todas las hipótesis y cálculos son posibles.
El diario La Libre Belgique (socialcristiano francófono) se inclina por una fórmula tripartita «clásica», que agrupe en el nuevo Gobierno a socialcristianos, socialistas y liberales. Sólo así se obtendría la mayoría de dos tercios en el Parlamento, necesaria para aprobar la «Reforma Regional» que sigue enfrentando a flamencos, valones y bruselenses.
Una coalición tripartita «clásica» existió en Bélgica en anteriores ocasiones. Sin embargo, la crisis económica agudizó la postura de los socialistas, hoy en la oposición. Mal se ve cómo podrían aceptar una coalición con un partido liberal que, en Bélgica, es la más clara expresión del gran capital.


























































