Crítica:CINECrítica
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Una comedia crítica

La comedia americana es una de las contribuciones más genuinas de aquella industria al cine niundial: vehículo ideológico y maquinaria propagandística, entretenimiento inofensivo y habilísima muestra de penetración en otras culturas. La comedia reviste muchas variantes, desde la cómica, aparentemente irreal, cuya máxima expresión encontramos en los hermanos Marx, Keaton o Charlot, hasta el mensaje comprometido de un Preston Sturges, donde la intrascendencia habitual se transforma en una incisiva crítica al sistema impera nte. El género ha oscilado siempre entre estos dos polos extremos, lo cual es lógico, ya que la comedia es -en última instancia- un reflejo de la vida alrededor, y esa vida que nos rodea se debate entre la frivolidad y la tragedia.El último deber pertenece a esta última clase de comedias comprometidas, en las que el sentido satírico y el tratamiento humorístico de personajes, situaciones y entidades constituyen los factores más importantes de la historia. Jack Nicholson es, indiscutiblemente, eldivo de la película, pero su papel estelar de cara a la taquilla no empaña la labor de sus compañeros. Los actores son la clave de toda comedia y Hal Ashby -antiguo montador, al que recordarán por Harold y Maude- sabe muy bien las exigencias del género, necesitado de una acción dinámica y viva, con buenos diálogos -nada literarios-, que respondan a los caracteres de los personajes hagan progresar la acción y nos transmitan ese sabor, agridulce y cotidiano, de los hechos comunes.

El último deber (The last detail)

Director: Hal Ahsby. Intérpretes: Jack Nicholson, Otis Young, Randy Quaid y Carol Kane. Estreno en cine Bulevar.

El guión adopta el pretexto del viaje para revelar los motivos ocultos de unos seres patéticos y vacíos, piezas de un sistema hueco y retrógrado, donde la culpabilidad y la inocencia no responden a unos criterios justos, sino al capricho. Nicholson logra superar el obstáculo de una actuación excesiva, tentación en la quesuelen caer los actores cuando disponen de un personaje tan goloso como el de este marinero obligado a custodiar un preso y llevarlo a una prisión naval. Su labor le confirma como uno de los mejores profesionales del momento, capaz de encarnar una amplia gama de papeles con una gran economía técnica.

El último deber no llega a ser nunca una obra redonda, pero sí presenta el supremo mérito de una discreta sencillez, un tono sereno y consecuente, sin subrayados retóricos ni guiños progres. Ashby ha logrado esa fluidez narrativa, limpia y ágil, que muchos autores de campanillas intentan encontrar sin conseguirlo nunca. El mensaje crítico de la película no se impone nunca a la elocuencia física de las palabras -muy edulcoradas en la versión españolani a la rotundidad de los personajes, sino que llega como una conclusión lógica e inevitable, al final de un largo itinerario, hecho de amistad y pudor. Se trata de una película masculina, donde los hombres solos intentan aturdirse y borrar su aburrimiento, pobres muñecos que no encuentran en la mujer -espléndida Carol Kane en su papel de la joven prostituta- más que un evacuatorio sexual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 02 de marzo de 1977.