A punto de iniciarse la matanza anual de focas

De las 200.000 crías de foca nacidas en 1976, 169.000 fueron matadas a palos para que su blanco pelaje no se manchara de sangre, el resto fueron sometidas a otro tipo de presiones, tales como la alteración del medio y la contaminación. El resultado es el peligro de extinción de este mamífero, que antes fue uno de los más numerosos de nuestro planeta. La Fundación para la Conservación de la Naturaleza acaba de pedir una vez más que se aplace la «ejecución» de estos animales recién nacidos.

Hace años que los naturalistas han dado la alarma, sin embargo, las matanzas de focas recién nacidas, fase en la que su piel es completamente blanca, ha ido aumentando a medida que la demanda de piel de foca se incrementaba. Pocas mujeres son conscientes de la masacre que se esconde tras su abrigo de foca. Una de ellas, Brigitte Bardot, llegó a fundar una asociación protectora de estos animales al enterarse de las condiciones que rodean su caza. Arrancados de la protección maternal, son apaleadas y desholladas vivas para que su piel no pierda calidad. Pero más que la crueldad con que se aniquilan, el problema estriba en el alto porcentaje de crías que son eliminadas, poniendo con ello en peligro la supervivencia de la especie.

1800: comienza la caza

La caza de focas comenzó a practicarse masivamente a partir del año 1800. Por aquel entonces tan sólo se aprovechaba el cuero; más tarde también la piel, y de forma especial la de las crías, que se revalorizó en los mercados internacionales. En consecuencia, empezaron las matanzas. Grandes industrias como la Fouke Company se crearon alrededor de este mercado. El comercio de las pieles de focas florecía en ciudades como Cantón, Nueva York y Londres.Las poblaciones de focas comenzaron a disminuir de tal manera, que la misma Naturaleza puso en marcha sus mecanismos de defensa: las focas rebajaron la edad de la madurez sexual de los seis a los cinco e incluso tres años. Pero ni aún así se recobró el equilibrio. Otros factores se unieron a las matanzas, como el aumento del turismo en zonas hasta ahora exclusivas de estos animales, la creciente industrialización de costas vírgenes y ricas en minerales, así como e 1 creciente aumento de la contaminación. Los biólogos quedaron asombrados cuando descubrieron en los tejidos grasos de estos animales elevadas cantidades de DDT y otros insecticidas clorados. Elementos tóxicos que han aumentado el porcentaje de nacimientos con malformaciones de un 10 % en 1970 al 34% en 1972.

Muchos pescadores, por ejemplo los japoneses, están satisfechos con la reducción de las poblaciones de focas, ya que consideran que las 40.000 toneladas de peces que estos animales consumen anualmente afectan negativamente a sus capturas. Estudios minuciosos han comprobado que las focas se alimentan de numerosos peces que a su vez predan sobre especies muy apreciadas por el hombre, como el salmón. Si las focas desaparecieran, ¿cómo se restablecería el perfecto equilibrio marino de las zonas que habitan?

La situación es tan graveque la Fundación para la Conservación de la Naturaleza (WWFF) ha pedido a Canadá y Noruega que aplacen la carnicería anual de focas recién nacidas en el Artico. El llamamiento de esta asociación se debe a la iniciación de una campaña de recolección de fondos que ha emprendido el naturalista suizo Franz Weber, con la intención de recoger más de un millón de dólares (68 millones de pesetas), para ofrecérselas como subvención a Canadá y así poner fin a la carnicería; en el caso de que este proyecto fracase, la fundación alquilará dos reactores para llevar a periodistas de todo el mundo a los lugares de caza y sean notarios de la matanza de focas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 31 de enero de 1977.

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