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CARTAS AL DIRECTOR

El Partido Socialista de Andalucía

En el número correspondiente al pasado 9 de octubre EL PAÍS, bajo el título "La unidad de la oposición andaluza", apareció publicada una carta del representante de Izquierda Democrática en Coordinación Democrática de Andalucía, en la que, entre otras cosas, dice literalmente que «el Partido Socialista de Andalucía no debe hablar en nombre de los andaluces.... queriendo arrogarse una causa que pretende utilizar para separar la unidad conseguida de la oposición andaluza».Comprendemos que a los partidos centralistas (es decir, de estructura central) que permitieron la ausencia de Andalucía en las tres cumbres de la Oposición Democrática les «moleste» que nosotros no estemos dispuestos a pasar por tal discriminación, que para ellos, preocupados prioritariamente por todo el Estado español, tiene importancia secundaria, y para nosotros, preocupados prioritariamente por el pueblo andaluz, tiene importancia primaria.

Lo que ya no comprendemos es que algunos de estos partidos centralistas nos acusen de ir contra la unidad de la oposición. ¿O es que también la unidad de la oposición va a hacerse a costa del pueblo andaluz? Nosotros no pedimos para Andalucía nada más que lo que esos partidos centralistas han reconocido a Baleares, Canarias, Cataluña, Galicia, País Valenciano y País Vasco.

No somos nosotros los que tene

mos que dar explicaciones por exigir para Andalucía el sitio que le corresponde, sino los que se lo niegan.

No alegra ver como estos partidos de estructura central empiezan ahora a hablar de autonomía para Andalucía. Pero no se trata de hablar de ella cara a un futuro, sino de practicarla ya cara a los organismos de la Oposición. ¿Cómo va a creer el pueblo andaluz en la autonomía que le ofrecen para el futuro, cuando estén en el poder, partidos que en los organismos de la oposición colocan a Andalucía en una segunda fila?

La democracia o llega para todos o no será democracia. O se reconocen los derechos de todos los pueblos del Estado español o la discriminación seguirá, aunque con otra «cara».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 1976