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Tribuna:Tribuna Libre

No al pacto social

Nicolás Sartorius, 38 años, es abogado y periodista. Militante sindical,en la rama de Artes, gráficas,sufrió múltiples juicios:. y condenas a raiz de 1967, por un total de siete años de cárcel. En el proceso 1. 001 fue condenado, junto cón otros cinco sindicalistas, como dirigente de Comisiones Obreras. Ha publicado El resurgir del movimiento obrero.

El reciente encuentro entre representantes de organizaciones sindicales de oposición y lectores del, .gran empresariado, ha,estado centrado, prácticamente, sobre una cuestión de fondo que continuament salta al debate público: pacto político o pacto social? Ya no se trata, pues, de dilucidar si conviene o no pactar, que parece darse por supuesto, sino de plantear con realismo qué tipo de pacto es hoy el posible y necesario. Pues bien, cuando en un país los traba jadores y los effipresarlos, los profesiónales y los funcionarios, los campesinos, la prensa, los partidos políticos y las formaciones sindicales se plantean la urgencia de iniciar un diálogo y llegar a un acuerdo, es porque, indudablemente, el régimen políticoexistente ha dejado de servir a la sociedad y ponviene combinarse en un agrupamiento, digamos de salvación nacional, que haga posible el nacimiento de uno nuevo. Es normal que ante esta situación, algunos sectores,del empresariado, desentrenados políticamente, acuciados por la crisis económica y apretados por la creciente presión de los trabajadores, cada vez más y mejor organizados, tiendan a plantear, en primer término, el pacto social, o, por lo menos, acondicionar su apoyo al cambio a que, de alguna. manera, aquél se gestione lo materialice. Por el contrario las formaciones sindicales y, desde luego, las Comisiones Obreras, con una visión, a mi entender, más lúcida del momento histórico que atravesamos y de las necesidades del país, se oponen tajantemente a cualquier forma de pacto. social (entendido éste como tregua o período de «paz social», garantizada a cambio de ciertas ventajas econórñicas) y proponen corno fórmula, el pacto político de todas las fuerzas interesadas, por diversos motivos, en el establecimiento de las libertades democráticas.El pacto social no es aceptable para los trabajadores por diversas razones.- Primero, por una razón de fondo que va más allá de- la etapa actual y que lo hace indeseable para cualquier fase histórica. Pues representa, a nuestro entender, la expresión ideológica delstatu quo social neocapitalista y, por lo tanto, en los hechos, un intento, más refinadoque el ensayado por el corporativismo,- de negar.la lucha de clases y sus consecuencias a nivel político. Segundo,, en las condiciories de la-crisis económica Actual, los trabajadores lo entienden como una invitación a no hacer huelgas o, por lo menos, a limitarlas, es decir, aceptar de algún modo cargar sobre sus -espaldas con las consecuencias de una~ crisis en la que no tienen ninguna responsabilidad y, además,álargar ésta, pues, a mi entender, una de la s maneras de salir -de ella es que se.siga presionando sobre los aumentos de salarios para impedir que descienda el poder adquisitivo del pueblo. Tercero, -en la situación política de nuestro país, el pacto social significaría, dé hecho, ren unciar a la ruptura democrática y al~papel que debe de jugar en ella la clase obrera, como uno de los motores esenciales del cambio.- El pacto social sería, en mi opinión, embarrancar la situación política con serios peligros de violencia, y empantanar la crisis económica dela que no se saldrá sin una dirección democrática del país, y aun así, costará lo suyo. Masno se puede confundir, co mo hacen algunos, el rechazable pacto social con la necesidad de que empresarios y obreros, a diferentes niveles, lleguen a acuerdos laborales en el marco de los, convenios colectivos o fuera de ellos,. sobre las condiciones que contempla el contrato de-trabajo. Acuerdos o pactos que reflejen una determinada relación de fuerzas en ..el proceso de ter%ión dialéctica que supone toda lucha de clases y que si están sancionados por representantes auténticos de la base -y por y las condiciones en que fueron pactados no varían sustancialmente,, deben de ser respetadas por las partes. Lo que los trabajadores no pueden «respetar» es lo q7ue no se acuerda a nivel de convenios, es decir, la negación de sus derechos políticos y sindicales, la readmisión de despedidos, la amnistía, etc., por las que tienen que seguir luchando siempre, por muy buenas que sean las condiciones económicas que contemplen los convenios. De ahí que el tema del pactosocial,. en las condiciones de falta de libertades democráticas, no pueda ni tan siquiera plantearse.

El pacto político, por el contrario, contratado en este momento en la alternativa que representa Coordinación Democrática, responde adecuadamente -al nivel de las contradicciones que hay que resolver aquí y ahora, que son de orden político, debido a la existencia de instituciones que no sirven y que taponan con su presencia la vía para resolver otras cuestiones de caracter económico y social. Por eso la ruptura pacífica, en nuestra opinión, contribuye a desbloquear ~la crisis económica, pues crea las condiciones para que todos los sectores sociales afectados participen en un diálogo y negociación que la saque del actual,callejón sin s ' alida.

Es evidente, que un Gobierno provisidnal democrático encontraría en las fuerzas sindicales un talante de colaboración, pues los trabajadores, en mi opinión, son conscientes de la necesidad de apuntalar esa nueva democracia, no permitiendo situaciones de grave inestabilidad que podrían dar al traste con ella.

El pacto político para la ruptura crea, además, al conseguir su objetivo un nuevo clima cívico, cultural y moral, de entusiasmo en la sociedad civil, y transparencia en la gestión del poder, que permite abordar, en un marco realista y clarificado, los grandes problemas de la nación. Para nosotros, por 10 tanto, la opción de un pacto político, de una alternativa democrática sin exclusiones y el rechazo'del pacto social no es solamente una exigencia dé clase, de defensa de los intereses de los trabajadores, sino una necesidad nacional perentoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de mayo de 1976