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Esta semana, O Gran Camiño, carrera ciclista durante el Entroido gallego

Las fechas que condenan la posibilidad de una gran participación permiten que la prueba gallega goce desde Oporto de una nación en plenos carnavales, lírica en un mundo ciclista cuadriculado y obsesionado por los puntos

O Gran Camiño
Jonas Vingegaard, ante la catedral de Santiago, en el podio final de O Gran Camiño de 2023.IRAIA CALVO
Carlos Arribas

Durante un par de crudas semanas de invierno gallego, O Gran Camiño fue el hogar de Jonas Vingegaard, que respondió al amor de la afición empleándose a fondo y ganando todo lo que se podía ganar. Esta semana, el gran danés no estará en una carrera que justamente aumenta de cuatro a cinco sus días, y se internacionaliza desde Oporto. “Es que he pasado mucho frío”, se justificaba el ganador de dos Tours, que eligió correr, y ganar, en el soleado Algarve la semana pasada, e, irónicamente, esos mismos sol y buen tiempo se anuncian para Galicia esta semana de Entroido.

Hijo de la imaginación y el deseo del exciclista gallego Ezequiel Mosquera, y haciendo honor a su nombre, en O Gran Camiño es más importante el camino que el destino, más significativa la forma en que se organiza y retransmite televisivamente que el nombre de los ciclistas que lo protagonicen. No habrá grandes figuras, ni tampoco muchos grandes equipos. Las fechas son matadoras, no solo por la posibilidad de mal tiempo. Encajonado entre la semana grande de febrero en la que los cracks debutaron –coincidieron hace siete días el Tour de Emiratos, la Vuelta a Andalucía, la Volta al Algarve y el Tour de los Alpes— y la semana de marzo del 9 al 16 en que coinciden las dos primeras grandes por etapas –la París-Niza, objetivo siguiente de Vingegaard, y la Tirreno-Adriático que verá debutar a Juan Ayuso y Mikel Landa en 2025--, y coincidiendo con la Het Volk, chupinazo de las clásicas flamencas, y terreno para Mathieu van der Poel, Wout van Aert y, este año, Tadej Pogacar, O Gran Camiño respira fuerte, y crece, gracias a su cultura y filosofía y gracias a su recorrido que, como siempre recuerda Mosquera, “une patrimonio, leyenda y territorio de una forma mágica, casi mística”. También dice Mosquera, siguiendo en su universo, que para organizar esta idea se necesitan una mente creativa, lírica, y una mente cuadriculada, que acepte el mundo de cálculo y miedo del ciclismo, como cuadriculada, añade, es la cabeza de los responsables de los equipos y la de los prebostes de la Unión Ciclista Internacional (UCI), pergeñadores del sistema de puntos para clasificar a los equipo como si de liga furbolera se tratara, con ascensos y descensos. “El sistema perjudica al ciclismo y a los organizadores españoles de pruebas por etapas porque una carrera, como la nuestra, de categoría 2.1 (la tercera en pruebas por etapas, tras las del WorldTour y las 2.Pro) solo otorga 14 puntos al ganador de cada etapa y 125 al ganador final de la clasificación general”, explica Mosquera. “Mientras que una carrera de un día como la clásica de Almería, 1.Pro, da 200 puntos al ganador. Vingegaard los dos años que ha ganado aquí se ha llevado menos puntos que cualquier sprinter de segunda que gane en Almería o Estella. Es normal que los equipos que buscan mantenerse se multipliquen en las carreras de un día y se olviden de las pruebas por etapas. Yo podría montar cinco clásicas de un día seguidas, claro, pero eso acabaría con la filosofía de esta carrera, y con el interés de los patrocinadores”.

A Santiago se llega desde todo el mundo por muchos caminos, pero por Galicia pasan al menos cinco, los cinco que recorrerá este año la carrera, uno más que en las tres primeras ediciones, y el aumento, con el añadido de Oporto, subraya que en realidad las provincias gallegas son cinco. El miércoles, ida y vuelta a las afueras de Oporto –desde Maia a la playa de Matosinhos—por los llamados camiños portugueses, el de Braga, el central y el de la costa. El jueves de comadres, entre Marín y A Estrada, Pontevedra, y el viernes, la contrarreloj, 15 kilómetros de Ourense a Pereiro de Aguiar, y la prehistoria. El sábado, Lugo y sus montañas, desde A Pobra do Brollón y O Cebreiro, y el domingo, desde Betanzos, llegada al Obradoiro de Santiago entrando por O Milladoiro, y se humillarán, deslumbrados, por sus caminos de tierra.

Y recorrerá en carnavales carreteras estrechas y empinadas y atravesará aldeas y colinas, y bosques de robles y castaños, en jueves de comadres, viernes de folións y compadreo, sábado de cabritada y domingo de Entroido. Y los aficionados comerán grelos y orella y suspirarán por el ídolo gallego Carlos Canal y por los jóvenes del Kern, liderados por el navarro Urko Berrade, que se hizo grande en la Vuelta. Y será la fiesta.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.
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