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Trump hace del Mundial un arma política que agita ante sus adversarios

El presidente de Estados Unidos amenaza con arrebatarles los partidos mundialistas a las ciudades demócratas. El sorteo abre la puerta para el primer cara a cara del mandatario con la presidenta Claudia Sheinbaum de México

Donald Trump y Gianni Infantino en la Casa Blanca, Washington, el 22 de agosto.
Nicholas Dale Leal

En el universo de Donald Trump, todo es susceptible a convertirse en moneda de cambio en una negociación o en arma política. Y a poco más de seis meses del comienzo del Mundial más grande de la historia, en el que Estados Unidos es el principal anfitrión entre los tres anfitriones, el evento deportivo más importante del planeta también. Dentro de las fronteras, el presidente republicano amenaza con arrebatar los partidos programados en algunas ciudades demócratas. Para fuera, la organización del torneo, que comparte con México y Canadá, promete ofrecer un nuevo capítulo de tensión en una relación turbulenta con sus vecinos, tan cercana y vital para sus economías como enquistada y crecientemente frágil. Tanto, que es posible que el sorteo del torneo, que se celebrará en Washington el viernes, sea la primera vez que la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, se vea cara a cara con Trump.

Hace unos días en el Despacho Oval, cuando Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, anunciaban juntos —en la última demostración de su cercana relación— que Estados Unidos daría citas de visa prioritarias para personas con entradas al Mundial, el presidente estadounidense cargó contra la progresista Seattle, que recientemente eligió una alcaldesa que se define como socialista. “Si creemos que va a haber algún problema, le pediría a Gianni que lo trasladara a otra ciudad. Hay muchas ciudades que estarían encantadas de acogerlo y lo harían de forma muy segura”, aseguró Trump.

No era la primera vez en que el presidente sugiere retirar partidos ciudades demócratas por supuestas cuestiones de seguridad. Lo hizo con Boston, Los Ángeles y San Francisco. Todas serán anfitrionas de entre seis y ocho partidos, para los cuales las entradas ya están en preventa. Con el torneo tan cerca, es casi imposible hacer cambios de ciudad, con todo lo que eso conllevaría, pero mientras la FIFA no lo descarte abiertamente, la amenaza es un arma que Trump está claramente dispuesto a blandir sin timidez.

Para mantener el estatus quo y evitar rechazar la idea de Trump, Infantino evadió la pregunta que el presidente le dirigió. “La gente sabe que vendrá a un Mundial seguro. Esto claramente es responsabilidad del Gobierno y obviamente discutiremos, estamos trabajando en conjunto”, dijo el presidente de a FIFA. Dada la cercanía entre Infantino y Trump, el hecho de que cualquier cambio de sede sea muy difícil a nivel logístico, no es, sin embargo, una imposibilidad absoluta.

La Nueva York del alcalde electo Zohran Mamdani, un declarado aficionado del fútbol, también se perfila como un contrincante en una futura batalla política mundialista. El demócrata ha anunciado que buscará que la FIFA cambie su modelo de ventas de entradas, en el que por primera vez los precios se rigen de manera automática en relación con la demanda; y reserve un porcentaje de los tiquetes que se jugarán en el estadio de la ciudad para que los neoyorquinos puedan acceder a ellos de manera asequible. En este caso, sin embargo, tras el reciente e inesperado acercamiento entre Mamdani y Trump, no está claro qué lado terminará tomando el presidente.

En el plano internacional, la relación con México y Canadá, marcada este año por los vaivenes arancelarios y una renegociación pendiente del tratado de libre comercio regional que cubre toda Norteamérica, además de la migración y la lucha contra el narcotráfico, será puesta a prueba en los próximos meses a medida que la organización y la planeación entra a su última etapa. Tanto México como Canadá apenas verán 13 partidos cada uno, mientras que en Estados Unidos se jugarán 78, y Trump no ha amenazado en ningún momento con quitarles ninguno de los juegos a sus vecinos. Sin embargo, el hecho de que Claudia Sheinbaum haya señalado que es posible que acuda al sorteo en la capital estadounidense el próximo 5 de diciembre, cuando se podría producir la primera reunión bilateral entre ella y Trump, subraya la importancia del evento.

Está por verse si y cómo el presidente de Estados Unidos podría instrumentalizar el Mundial para sacar algún rédito de México o de Canadá. Pero por ejemplo, asumiendo el nivel de influencia de Trump sobre la FIFA, en los corrillos de los aficionados mexicanos se da casi por sentado que Irán, país incluido en la prohibición de viajes de Estados Unidos, terminará en el Grupo A, que estará liderado por la selección mexicana, para así evitar que tengan que viajar a Estados Unidos.

A nivel global, el tema de los visados siempre fue un asunto espinoso para la FIFA. En los torneos anteriores, en Qatar y Rusia, logró que las entradas otorgaran el derecho automático a ingresar a los países. Estados Unidos nunca iba a aceptar esto, pues, argumenta, a diferencia de sus antecesores, el país sí es un destino de migración deseable al cual las personas factiblemente podrían entrar con un permiso temporal para quedarse después.

La noticia de que se priorizarán los visados de personas con entradas es un punto intermedio que parece haber dejado satisfechas a todas las partes: los aficionados se podrán saltar esperas de hasta 11 meses en algunas embajadas, como en el caso de Colombia. Estados Unidos mantendrá su nivel de escrutinio elevado y reforzado en los últimos meses a tenor de la retórica antimigración del Gobierno de Trump.

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Sobre la firma

Nicholas Dale Leal
Periodista colombo-británico en EL PAÍS América desde 2022. Máster de periodismo por la Escuela UAM-EL PAÍS, donde cubrió la información de Madrid y Deportes. Tras pasar por la Redacción de Colombia y formar parte del equipo que produce la versión en inglés, es editor y redactor fundador de EL PAÍS US, la edición del diario para Estados Unidos.
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